Agua Santa califica en Isla de la Juventud como uno de los destinos favorecidos para el agroturismo, modalidad promovida por la agencia de viajes Cubatur a fin de que visitantes locales, nacionales y foráneos entren en contacto con la naturaleza, participen en los diferentes procesos relacionados con creencias, culturas y costumbres de familias rurales.

A más de 20 kilómetros de Nueva Gerona, ciudad cabecera de la segunda ínsula cubana, se localiza este agreste paraje, donde la familia Rives-Rivas recibe en el momento de este reportaje al séptimo grupo de visitantes, interesados en la Ruta del café y los rituales en torno a uno de los productos más comercializados y una de las tres bebidas más consumidas en el planeta.

Pertenecientes al movimiento de la agricultura urbana, suburbana y familiar, esta finca de 1,4 hectáreas destaca en Cuba por la condición de la triple Excelencia, movimiento nacional en el que se promueve la agroecología —alternativa productiva— que permite a estos socios de la Cooperativa de Créditos y Servicios José Martí diversificar, incrementar y mejorar su aporte en alimentos frescos y de calidad.

El cultivo del café distingue a esta familia pinera, producto que muestra con orgullo y conocimiento para el deleite de los visitantes, a quienes atiende con esmero, cariño y calidad. Un recibimiento afectuoso y la invitación a recorrer la ruta del Café es el inicio de cada jornada. Allí, donde los arbustos de la Rubiáceas crecen, Raudel Rivas dialoga con sus invitados del día.

«Dicen que por el año 300 aproximadamente, un pastor etíope percibió un efecto extraño en sus cabras después de comer unos frutos rojos… pasaron la noche muy activas sin dormir, y al probar aquel fruto comprobó sus efectos energizantes», cuenta Raudel.

Refiere que esa historia, nacida en Etiopía, se extendió por todo el mundo y hoy es una de las más atractivas. En Cuba —recordó el campesino— el cafeto creció por primera vez en la campiña en el siglo XVIII cuando se trajeron las primeras semillas de Haití. y ahora es un pretexto para degustar la infusión al estilo carretero.

Tras el recorrido, los espera un rato de sano esparcimiento con ofertas sanas y naturales. Paseos a caballo, competencias de habilidades como pelar cocos y la búsqueda de «tesoros» escondidos son algunas de los entretenimientos mientras se degusta un buen café, jugos de frutas y agua de coco, a veces matizada con ron cubano.

Las ganancias son abundantes, tanto para la familia Rives-Rivas, como para turistas como Carlos Manuel Peña, con tres visitas a la finca e intenciones de regresar. También gana la Universidad local, principal actor en la capacitación y acompañamiento a emprendimientos como este en la ínsula.

La alegría manifiesta de los participantes en esta ruta es la mejor evidencia de que las cosas van bien. Sin embargo, la literatura especializada sugiere que el agroturismo es mucho más que pasar un rato agradable en una finca.

Raudel y Agneris lo saben, por eso cada vez que concluye una jornada, repasan lo hecho, generan nuevas actividades y están abiertos a sugerencias. Eso los mantiene como una opción de preferencia, pero tienen muchas potencialidades que pudieran aprovechar. más allá del recorrido y la degustación de platos y bebidas de productos ecológicos.

Por ejemplo, promover la participación en el trabajo agrícola: que los turistas aporten a la siembra, atención y cosecha —de acuerdo con la temporada—, al menos durante una hora, y luego disfruten del resto de las ofertas, los acercaría más a la meta de un agroturismo real.

Mientras la Ruta del Café se perfecciona, pineros y visitantes de otras provincias y países que lleguen a esta ínsula después del 15 de noviembre, tienen en la finca Agua Santa y espacio de esparcimiento capaz de sacarle el cansancio, estrés y la sonrisa de satisfacción.

Tomado de Juventud Rebelde