Aprender haciendo es el principio de la Escuela Taller Ugo Luisi de Santiago de Cuba, donde jóvenes desvinculados del estudio y del trabajo tienen la oportunidad de incorporarse a la sociedad con un oficio aprendido.

Este centro, fundado en 2004, fue en sus inicios un proyecto de colaboración entre Cuba y una Organización No Gubernamental italiana en función del rescate de los oficios. Más tarde fue asumido por la Oficina del Conservador de la Ciudad.

Hasta la fecha ha formado cerca de 700 estudiantes que incluyen más de 100 féminas. Actualmente solo existen siete centros de este tipo en el país.

El objetivo de la escuela taller es especializar y graduar en la categoría de obrero calificado a los jóvenes en las distintas especialidades de la construcción: albañilería, electricidad, carpintería, herrería, jardinería, pintura de obra y plomería. Además, contribuye al mejoramiento de su educación formal, así como en los buenos hábitos, conductas y valores.

«La escuela tiene una matrícula abierta a partir de que se comienza a informar por los medios de difusión. Entonces los interesados acuden con los documentos que se exigen, para luego oficializar la matrícula, sin exclusión de ningún tipo; incluso permite el pluri empleo, siempre y cuando no afecte la docencia», explicó a Sierra Maestra Osvaldo Pérez Bell, director de la institución.

«El curso tiene una duración de dos años. El primer año está divido en dos semestres de seis meses cada uno, en los cuales se les imparte lo teórico de la especialidad optada, para luego llevarlo a la práctica en el taller o en las otras escuelas. Esto constituye una estrategia de formación ya que el alumno se dota de las habilidades necesarias para su futuro desempeño.

«Ya en el segundo año los estudiantes están a tiempo completo a pie de obra, supervisados por sus tutores.

«El estudiante es el protagonista del proceso. El profesor siempre estará en función de guiarlo, brindándole toda la experiencia posible, de ahí nuestro lema sea aprender haciendo», afirmó Pérez Bell.

La entidad funciona en alianza constante con la Oficina del Conservador debido a su participación en todos los procesos de conservación y restauración que se llevan a cabo en la ciudad.

«Actualmente nos encontramos implícitos en el Balconaje de Aguilera, cuya obra cumbre es la restauración de la cubierta de la Isabelita. Asimismo, tenemos obras anexas en instituciones de Salud y en fabriles como la textilera y la fábrica de helado, añadió.»

La misión de la escuela taller es incorporar a jóvenes al apredizaje de oficios y con esto, crearles conciencia sobre el cuidado y preservación del patrimonio como un proyecto social y comunitario que piense siempre en el bien común.

Tomado del Sierra Maestra