Los valores propios de la ciudad de Santiago de Cuba la convierten en un paisaje histórico urbano por excelencia. En esta resaltan seis panoramas que forman un anillo patrimonial alrededor de la metrópoli santiaguera, con un efecto singular de gran atractivo para el turismo nacional e internacional. Así lo evidencia el trabajo de la Oficina del Conservador de la Ciudad (OCC), que ya acumula un cuarto de siglo en labores de conservación y divulgación del patrimonio.

Con Omar López, su director, conversamos una mañana, de imprevisto aunque a gusto. Fue así que decidimos plasmar con tinta y en rotativa, y en varias partes, los principales acontecimientos que permitieron conformar esta institución; indetenible, amplia y de suma importancia para la cultura local.

Huracán, evolución y resarcimiento

“Un momento triste, por su significado, fue el paso del huracán Sandy, el cual propició una situación compleja en la ciudad. Aunque a la vez nos dio las fuerzas para superar las dificultades desde una posición renovada, desde la modernidad, para trabajar el patrimonio. ¿Y qué significó eso?; pues que, por ejemplo, ya no era solamente conservar la calle Enramadas sino convertirla en corredor patrimonial con una función que unía la Plaza de Marte con el Paseo Marítimo, propiciando el recorrido por toda una secuencia de instalaciones que motivara el tránsito por esta (Enramadas). Todo esto con la nueva condición de corredor peatonal que ofrece un comportamiento especial.

“De igual forma, el Paseo Marítimo, visto como una apertura al mar, le dio un balcón a Santiago. Esta nueva mirada para el ciudadano permitió un refrescante y satisfactorio espacio de ocio para el pueblo.

¿Qué decir del lugar que reconocemos hoy como Área Monumental 26 de Julio? Es, en cierta forma, pulmón de la ciudad que aporta historia viva del acontecer nacional. En ese sector de la urbe hay cuatro monumentos nacionales, es decir, una concentración de valores adquiridos de gran magnitud. Y digo eso porque es importante ratificar esa conceptualización: el valor patrimonial es adquirido y lo otorga la población que lo tiene y siente, por lo tanto ese sitio es un lugar sagrado de la historia cubana. En esta misma línea encontramos el Cementerio Patrimonial Santa Ifigenia, altar de la Patria, por esa nueva visión que lo caracteriza y que va más allá de las acciones para su conservación; ahora visto como museo a cielo abierto al que se va a disfrutar una ceremonia de alto contenido patriótico que enaltece. Es la nueva función del camposanto.

“El Castillo del Morro es un paisaje fortificado que no se limita solamente a la piedra angular, que es la edificación en sí misma. Defiende todo un sistema de elementos que forman parte de ese contexto, y por lo tanto es todo un paisaje reflejado en sus alrededores. Cuando vemos el panorama cafetalero también se reflejan unos potenciales extraordinarios, porque no podemos ver el patrimonio como una carga para la ciudad sino como un recurso, un valor asombroso con capacidad movilizativa, y, por lo tanto, ese valor arqueológico cafetalero es el que va a provocar que toda esa zona donde está dislocado pueda convertirse en un área turística de alta categorización y con alto nivel de convocatoria. Este sitio fue el primero del mundo vinculado al café en declararse Patrimonio Mundial, ofreciendo una caracterización singular en un ámbito natural extraordinario mediante la mezcla especial de la naturaleza con la creatividad del hombre”.

“El paisaje subacuático fue debido al combate naval de la guerra del 98. Un acontecimiento que marcó al mundo y propició el cambio del siglo XIX al XX, y que, como acontecimiento universal, dejó como seña patrimonial toda la armada del almirante Cervera, hundida en el litoral santiaguero. Visualizar estas maravillas es hacer una inmersión en la historia, rescatar una página sin dudas extraordinaria que atrae a buena parte del mundo, especialmente a quienes disfrutan de la actividad de buceo y la historia marinera.

“Por otra parte, El Cobre muestra un ambiente asociativo de tres componentes fundamentales: la minería, la esclavitud, y la religión. Es un ambiente mágico, religioso, que motiva y emociona al que llega. Ha sido visitado por varios Papas, y su naturaleza tiene un encanto singular. Desde un lago azul artificial, creado por el hombre, hasta el santuario de la Virgen de la Caridad, lleno de espiritualidad, ofrece total relación con el ser cubano y su historia viva.

“Veinticinco años después se muestra una ciudad con seis paisajes culturales diferenciados que pueden ser, sin duda alguna, elementos de atracción para el resto del mundo. Por tanto, cuando desde fuera de Cuba se piensa en este rincón del Caribe es casi inevitable no llegar a una ciudad con un extraordinario reservorio del patrimonio histórico y vastos contenidos espirituales, tangibles. Tierra de tradiciones: conga, comparsa, carnaval, hábitos especiales como la Fiesta a la Bandera y la caminata hasta el cementerio cada 30 de julio en honor a Frank País García. Hoy, se reconoce como ciudad Creativa Musical por ser uno de los depósitos fundamentales que surten la música universal y eso también le da una condición de singularidad a su centro histórico. Estos aspectos nos permiten lustrar al santiaguero, y a Cuba, porque la lleva en su propio nombre”.

Entonces, ¿cómo logra trascender tanta riqueza patrimonial?

“Todo esto es una responsabilidad, y quizás no se entienda así, pero detrás debe haber una mano que protege, que cuida, que transforma, actualiza, lo moderniza, lo traduce para las nuevas generaciones, porque no  hacemos nada con devolverle un valor a algo para luego olvidarlo. Cada obra, y su repercusión, deben llegar al alma de la juventud para que puedan hacerlas suyas. El Patrimonio es algo que como valor debe pasar de una generación a otra, solo así podrá trascender y vivir en el tiempo. Lograr eso es el papel fundamental de la Oficina.

“La labor de restauración y conservación de una ciudad requiere de una estructura piramidal que permita una amplia base de personas actuantes, una intermedia de personas pensantes, y una cúpula, por llamarla de alguna manera, de dirección de coordinación ejecutiva de todas las partes. Ha sido esencial rodearnos de personas idóneas que planean la ciudad más allá de lo visible y que tienen la capacidad de ver el alcance de una determinada acción sobre esta. Luego, a través de planes de gestión se logra articular todo el proceso de conservación.

“Con ese planeamiento trabajamos, una Dirección y Oficina Técnica donde se hacen todos los proyectos ejecutivos de arquitecturas y urbanos; equipo de inversiones que organiza los financiamientos; parte económica que busca el financiamiento; equipo para la colaboración internacional que nos permite dialogar con el mundo y a la vez aportes financieros; la Escuela Taller de oficio Hugo Luisi, encargada de formar jóvenes en todas las especialidades relacionadas con la conservación y restauración; y una unidad administrativa que atiende, entre otras cosas, el trabajo socio comunitario, entidades que hacen la labor social desde la cultura: la casa Heredia, el grupo de trabajo del cementerio, el grupo Surtidor de Sueños, los Cangrejitos – Barracones, y otros que inciden en la sociedad y crean conciencia ciudadana sobre la conservación del patrimonio.

“Tenemos un Departamento de Investigaciones Histórica, la oficina del Historiador de la Ciudad, propiamente, con la justa y adecuada dirección de la Dr.C Olga Portuondo, pues mantiene una presencia viva en los medios de difusión y distintas maneras de llegar al pueblo con la historia de Santiago de Cuba. Todo esto propicia una promoción literaria e intelectual considerable, y por tanto, cada año se hacen folletos, libros, calendarios que ayudan a visibilizar nuestros quehaceres. Lo podríamos llamar un pequeño ejército de conservación que siempre está actuando y del cual todos somos parte, incluyendo la ciudadanía y demás organismos.

“No se puede creer que la labor nuestra es sencilla, es muy compleja, y hasta incomprendida a veces debido a los muchos requerimientos que debemos tener en cuenta. En ocasiones no tenemos los recursos necesarios pero nunca ha faltado el empeño, el deseo de trabajar y pensar que lo que hacemos no es para la materialidad, esa se conserva y está bien, pero lo hacemos por los valores espirituales para el hombre que va a sentir su patrimonio, que lo va a proteger porque lo quiere.

“La vida es una, y aunque ha pasado el tiempo me gustaría estar en el primer día con la experiencia que tengo hoy. Eso quizás me permitiría hacer las cosas de una mejor manera. Aún así, no dejo de estar orgulloso por lo que hemos logrado, y por el pueblo, ese que define nuestra idiosincrasia”.

Escrito por Nazín Salomón Ismael y publicado en Sierra Maestra