Existen instituciones encargadas de preservar la historia local, y trascienden, a través de acciones oportunas y efectivas. Mucho más si la duda no gana espacio ante la presencia de aquellos valores patrimoniales que la distinguen, a pesar del tiempo.

La Oficina del Conservador de la Ciudad de Santiago de Cuba ha sido, durante 25 años, paradigma de estas entidades encargadas de lustrar lo vitalicio de la urbe, otrora villa engrandecida por valores fielmente heredados, a partir de una consistente labor que mundializa sus esencias. Precisamente, otorgando una justa y merecida pleitesía, nos hacemos eco de la historia de esta institución, contada a partir de los recuerdos del arquitecto Omar López, su primer y actual director, persistente y arraigado a lo más autóctono de la Capital del Caribe.

Entender a una ciudad patrimonial

«Siempre que se comienza a relatar una historia de esta naturaleza hay que hablar de un preámbulo necesario. En este caso, es hablar de una ciudad cuyo centro histórico y cementerio eran monumento nacional y poseía en aquel entonces una serie de sitios emblemáticos para la historia nacional.

Existía un accionar realmente directo, puntual, vinculado a personalidades de la historia y la arqueología, que venían desarrollando desde hace algún tiempo para su conservación. Aquí encontramos al Doctor Francisco Prat Puig, Arturo Duque de Estrada, y otros que intentaban visibilizar ese patrimonio. Sin embargo, no existía una entidad que integrara lo realizado hasta el momento, por eso, en el año 1987 se crea la Oficina Técnica de Restauración y Conservación de Monumentos.

«En aquel entonces, yo era el joven arquitecto Omar López, profesor de la Universidad de Oriente, y a quien se le encargara dirigir ese equipo de trabajo, inicialmente integrado por 19 profesionales, para que incidieran en algunos proyectos de alto interés para la ciudad. Recuerdo que teníamos ambientes especiales como la calle Heredia, vista como el corredor cultural de la ciudad; la Plaza Dolores, que tenía una iglesia en condiciones paupérrimas luego de un incendio; y espacios singulares como la callejuela de San Bartolomé, el lugar donde había vivido Frank País, también en deterioro avanzado. Tanto es así que esta Oficina se dio a la tarea de incidir en esos espacios, gradualmente. Quizás el último que pudimos hacer fue la restauración de la Sala de Conciertos Dolores, de gran impacto en la ciudad, y que culminó una etapa de proyectos de interés que trascendían lo local, ofreciendo experiencias a este joven equipo.

“En este transcurrir se crea la Oficina del Historiador de La Habana en dicha provincia, a través de un decreto que generó un espacio de nuevo tipo, vinculado con la gestión del patrimonio. Estamos hablando del contexto en el cual Santiago de Cuba se acercaba al 480 aniversario de su fundación. Entonces, se hace una actividad importante para rememorar ese hecho, y durante esta, se ofreció una conferencia sobre los valores monumentales de Santiago, con la participación de Armando Hart Dávalos, el Comandante Juan Almeida Bosque, Vilma Espín, y otras figuras relevantes que poseían arraigo por la provincia y su ciudad.

“Al terminar ese encuentro, ellos se acercaron a nosotros y nos preguntaron que ¿cómo Santiago, la ciudad de la historia, no tenía una Oficina para la conservación del Patrimonio? Allí se les explicó que sí había una, que respondía a la Dirección de Cultura, y que desarrollaba esa labor; aunque existía el interés de tener una entidad de nuevo tipo como la creada en La Habana.

Inmediatamente, se llamó al Dr.C Eusebio Leal y se organizó, desde nuestra provincia, un plan para lograr ese propósito, que alcanzó su punto máximo cuando en el año 1996 se decreta la fundación de la Oficina del Conservador de la Ciudad, en la provincia. Un año más tarde, el 28 de abril de 1997, queda inaugurada en el edificio que hoy ocupa el Gobierno Provincial de Santiago de Cuba, oficializada con un acto en el emblemático Salón de los Espejos.

«Quedaba claro que si ya había una experiencia acumulada por nuestro grupo de trabajo, al ofrecernos otras facultades, otras prerrogativas, el trabajo rápidamente comenzó a ocuparse de todos los ámbitos patrimoniales de la ciudad; empezó a consolidar el patrimonio que existía y de manera mancomunada con otras entidades administrativas. Hicimos un equipo de trabajo que nos permitió pronunciarnos y así presentar el sitio Castillo del Morro para que recibiera la condición de Patrimonio de la Humanidad. Gracias a eso, en el año 1997 se logra dicha declaratoria y, solo tres años después, el Patrimonio Cafetalero adquiere la condición de Paisaje Arqueológico Cafetalero del oriente-sur de Cuba, igualmente Patrimonio de la Humanidad.

 «Estas distinciones nos dieron dos grandes banderas a nivel internacional. Éramos ya una ciudad con dos sitios de Patrimonio Mundial, algo a reconocer y visibilizar en los catálogos donde se comenzó a ubicar Santiago de Cuba”.

Planes, ejecuciones y constancia

«Trabajamos insistentemente en que la ciudad recibiera ese reconocimiento, por lo cual comenzamos a desarrollar una serie de proyectos importantes por diferentes ámbitos de la villa. La urbe se dividió en sus espacios públicos principales. Hubo una labor formidable hacia estos sitios comunes que denotan al santiaguero en cada lugar que se ha consolidado a lo largo del tiempo y por los cuales se transita.

“Desde la calle Enramadas, como eje comercial de la ciudad; la Plaza de Marte; la Placita de Santo Tomás; las plazuelas del Tivolí y la de Trinidad; el Parque Céspedes; La Plaza de Armas; el Paseo Marítimo; y otros con denominación pública.

«En ese trayecto ocurrieron hitos importantes de comportamiento, en lo que a la práctica se refiere. Uno  fue la creación del Plan Maestro de revitalización de la ciudad histórica de Santiago de Cuba, y es necesario mencionarlo porque fue gracias a un equipo y un documento, o sea, un grupo de personas planeando su ciudad y qué hacer con su patrimonio. Ese fue un plan especial que permitió darnos cuenta de cómo, a través de la recuperación de un sistema de espacios, se puede generar una red de sitios recuperados que ofrecen riquezas al valor patrimonial de la ciudad.

“A partir de ese momento, el pueblo fue analizando y reconociendo esa maravilla que tenemos y que tratamos de conservar a toda costa, llamada Santiago de Cuba».

Escrito por Nazín Salomón Ismael y publicado en Sierra Maestra