¿Qué identifica a la ciudad de Santiago de Cuba en el país? ¿Qué la diferencia del resto? ¿Cuáles elementos identitarios resaltan por encima de otros convirtiéndose en íconos de la urbe? Son muchos los expertos de diferentes áreas del conocimiento que han pensado sobre este tema, y no pocos han sentido estar en un escollo de grandes proporciones.

Resulta que la ciudad de Santiago de Cuba tiene varios apelativos, cada uno con mayor o menor arraigo, algunos más afectivos que otros: le llaman la capital de la historia, la ciudad musical o creativa musical –más reciente en el tiempo–, “Muy noble y muy leal”, “Hospitalaria de las Américas”, “Fiel Ciudad”, “Municipio Benemérito de las Américas”, ostenta la “Orden Antonio Maceo”, es “Ciudad Héroe de la República de Cuba”, también le llaman la “capital del Caribe” o la ciudad más caribeña, la tierra caliente, la ciudad escalonada…

Y en ese ir y venir de calificativos, los especialistas de la Oficina del Conservador de la Ciudad de Santiago de Cuba defienden hoy un concepto bastante novedoso en el imaginario de la gente: ver esta urbe como la tierra cubana de los paisajes culturales.

Sin embargo, ese camino de primero distinguir, luego conceptualizar, y por último defender y divulgar los paisajes culturales como la marca ciudad de Santiago de Cuba es, quizás, la prueba más irrefutable no sólo de la experiencia de 25 años de la Oficina del Conservador, sino un tributo a las décadas y décadas previas en el trabajo de preservación del patrimonio material y oral de este suroriental territorio de la isla.

En la Ciudad Héroe se distinguen hoy seis paisajes culturales, dos de ellos incluso ostentan ya la condición de Patrimonio de la Humanidad y el resto aspiran a igual distinción internacional, y en su conjunto señalan aquello que distingue a Santiago de Cuba del resto de las urbes cubanas.

En retrospectiva…

Aunque se considera hoy la existencia de la Oficina del Conservador de la Ciudad (OCC) de Santiago de Cuba como una necesidad en la preservación de la riqueza material e inmaterial de la urbe, de sus principales zonas patrimoniales, así como de la espiritualidad de la misma, y su nacimiento como un acontecimiento lógico y natural, también es cierto que dicha institución no eclosionó de la nada.

Al contrario, le antecede una historia, una pléyade de intelectuales, investigadores, arquitectos, arqueólogos, historiadores…, unidos todos por varios amores: a la ciudad y a la conservación.

Es así que nombres como Prat Puig, Fernando Boytel, Arturo Duque de Estrada, entre otros, realizaban importantes acciones de conservación en la urbe y gracias a esa labor existen hoy algunos inmuebles de gran valor.

Sin embargo, faltaba una entidad capaz de darle integralidad y estrategia a todo ese accionar. De esa necesidad, en el año 1987, se creó la Oficina Técnica de Restauración y Conservación de Monumentos.

Omar López Rodríguez, director fundador de la OCC –y en aquel entonces un joven y a la vez experto profesor y arquitecto de la Universidad de Oriente– se le dio la misión de dirigir ese equipo que llegó a tener 19 profesionales.

Entre todos llegaron a incidir en importantes proyectos de alto impacto para la ciudad, en aquel entonces.

Oficina del Conservador de la Ciudad… primera de su tipo y segunda del país

El 28 de abril de 1997 se creó la Oficina del Conservador de la Ciudad de Santiago de Cuba, primera con la denominación de CONSERVADOR y segunda de la red de la actual Red de Ciudades Patrimoniales de Cuba, luego de la Oficina del Historiador de La Habana.

En realidad, fue en el año 1996 que se emitió el documento constitutivo de dicha institución santiaguera, sin embargo, tomó un año encontrar el local adecuado, así como la contratación de los especialistas.

Fue así que la apertura oficial de sus instalaciones se hizo en 1997, un año después de la existencia de dicho documento.

Antes de 1997, se creó en La Habana una oficina de nuevo tipo, para la gestión del patrimonio y a cargo de Eusebio Leal. Esa experiencia inspiró la creación de la Oficina del Conservador en Santiago de Cuba.

Algunos hitos en la historia de 25 años de la OCC

Como es de suponer, en la historia de 25 años de la Oficina del Conservador de la Ciudad hay hitos, pautas, que de alguna manera marcan el giro del quehacer de los especialistas de esta institución.

Algunos, como las dos declaratorias de Patrimonio de la Humanidad del Castillo del Morro San Pedro de la Roca y el Sistema de Fortificaciones de la Bahía Santiaguera, y del Paisaje Arqueológico de las Primeras Plantaciones Cafetaleras en el Sudeste de Cuba, fueron la palmadita en la espalda de que los trabajos de conservación iban por buen camino.

Otros momentos, como el huracán Sandy, hizo crecer el equipo de especialistas de dicha institución.

En cualquiera de los dos casos, la experiencia fue uno de los principales frutos que obtuvieron aquellos amantes del patrimonio y su preservación, cúmulo de conocimientos, de tratos con organismos internacionales, de manejo de situación de desastre, entre otros escenarios, que dotó de una visión de estrategia que iba más allá de la conservación de un inmueble.

El valor patrimonial es adquirido, se lo otorga la población porque así lo siente.

Así, por ejemplo, tienen gran valor patrimonial el Parque Céspedes porque ahí Fidel dijo esas enigmáticas palabras que emociona: “Gracias, Santiago”; o el Cementerio Patrimonial Santa Ifigenia pues descansa el más grande y universal de todos, José Martí.

Y esa es precisamente una de las áreas de acción de instituciones como la OCC, velar por esos espacios de gran significado para la urbe y su gente, pero no sólo conservar, sino llevar esos lugares a la modernidad. Un ejemplo es lo que hoy sucede en el Cementerio Santa Ifigenia.

La ciudad como la urbe de los seis paisajes

Santiago de Cuba es una ciudad increíble, cuna de momento trascendentales de la historia universal y reservorio de escenarios claves del devenir nacional, también es poseedor de un importante patrimonio intangible cubano.

El Cementerio Patrimonial Santa Ifigenia, declarado Monumento Nacional 10 de octubre de 1978, es considerado el mayor museo a cielo abierto de la ciudad pues posee piezas de arte únicas en el oriente del país.

Sin embargo, es su Altar de la Patria uno de esos sitios que todo cubano debería conocer pues ahí descansan las figuras cimeras de cada etapa de la historia nacional, Carlos Manuel de Céspedes, José Martí, Mariana Grajales y Fidel Castro.

En la actualidad, se construye el único cenizario jardín de toda Cuba, una manera de llevar la modernidad a este campo santo, a la vez que se respetan y mantienen varios de los rituales de enterramiento que hasta la fecha son parte de la espiritualidad del pueblo.

Por esas razones, y muchas más, es que se considera el Paisaje Funerario de Santiago de Cuba como uno de los componentes de la Marca Ciudad.