“Si quieres conocer todos los detalles de la siembra y cosecha del café en Holguín, debes hablar con Amador, que es nuestra enciclopedia en estos temas”, me dijo un amigo en la Delegación Provincial de la Agricultura, convencido de la sapiencia y el amor del especialista por este producto.

Asimismo ocurrió. Coordiné el encuentro para dialogar con Juan Ramón Amador Ricardo, conocido por sus amistades como Amador, el cual hubo que posponer en una ocasión, pues en su agenda los temas cafeteros tienen prioridad y resultan impostergables.

Conversar con Amador sobre el café resulta una amena experiencia, pues se refleja en su rostro y palabras el amor que siente por esta especialidad, cuando te dice que le agrada ver “aquellas plantaciones con frutos que parecen unas joyitas”.

Acudí al encuentro imaginando un diálogo con un campesino que vivió gran parte de su vida entre cafetales, como ocurre generalmente en esta esfera, sin embargo, todo quedó en mera imaginación hasta que accedimos a la plática.

“Nací y me desarrollé aquí en el Reparto Luz, en el municipio de Holguín; o sea que estaba muy lejos de conocer las plantaciones de café en mi infancia, aunque sí tuve influencias desde pequeño que me acercaron un poco a la agronomía, pues tenía un vecino que trabajaba en su finca en el poblado de Corralito, en el municipio de Rafael Freyre.

“En las vacaciones y algunos fines de semana, me iba con él para a trabajar. Se llamaba Juan Campaña Iglesia, vivía cerca del círculo social de Corralito; eso fue despertando mi interés por la agricultura” aseguró Amador.

La mujer ha jugado un papel preponderante en la cosecha cafetalera en los cinco municipios holguineros que conforman el Plan Turquino. Foto: Elder Leyva.

Las escuelas en los campos de Veguita y Sombrero Cuatro, provincia de Granma, lo llevaron al primer encuentro con las plantaciones del café e inició un romance con el aromático grano, que se consolidó al culminar la etapa preuniversitaria, cuando optó por la carrera de ingeniería agrónoma.

“Pude haber estudiado otra especialidad, quizá de mayor rigor, porque para aquel momento tenía un índice bastante aceptable de 97.5, pero mi intención fue esa y así lo hice” acotó con orgullo Juan Ramón.

Ingresó en septiembre de 1980 en el Instituto Superior de Ciencias Agropecuarias (ISCA) de Bayamo, de donde egresó en 1985 con título de oro. Se vinculó en el periodo de adiestramiento a la Empresa Pecuaria de Urbano Noris, para atender el distrito pecuario de la comunidad de Estrada.

Allí permaneció durante un año para desarrollar la agrotecnia de los pastos y luego fue promovido hacia la empresa de ese municipio para cumplir la misma función, esta vez con mayor responsabilidad.

“En el año 1987, llegó una convocatoria de la dirección del país para recuperar la producción de café y debíamos ir durante tres años para las montañas a fomentar las áreas de este grano, a causa del declive en la cosecha de café en Cuba, debido al éxodo de la población de la montaña hacia el llano.

“Mostré la disposición para incorporarme a esa tarea junto a 137 ingenieros de todo el país, quienes también estuvieron de acuerdo en apoyar la misión del café en estas zonas.

“Realizamos un curso de adiestramiento en café que se desarrolló en Mayarí Arriba, cabecera del municipio santiaguero de Segundo Frente, donde permanecimos durante un mes, con un programa riguroso de clases, con los compañeros de la Dirección Nacional de Café, en el año 1987.

El Café es uno de los principales rublos exportables de Holguín.

“Al culminar el curso me designan la tarea de trabajar en la Empresa Cafetalera de Sagua de Tánamo, junto a siete compañeros más de Holguín y de ahí me ubican en el Sopo, en la zona de Mala Cara.

“Allí fui a hacer estudios de suelo, preliminarmente, para seleccionar las áreas que iban a hacer futuros cafetales y además, a contribuir en la construcción del Campamento del Ejército Juvenil del Trabajo (EJT).

“Comenzamos a transformar los cafetales, hacer viveros y llegamos exactamente a seis caballerías, no logramos en el tiempo de tres años llegar a las diez caballerías sembradas de la cooperativa, por situaciones excepcionales que surgieron.

“En este lugar habían muchas áreas abandonadas de cooperativas, personas que se fueron y esto pasó a manos del estado, patrimonio de la Empresa Cafetalera Sagua. Entonces comenzamos a arreglar sombras en todo el bosque que había; porque el café vive bajo la sombra, pero necesita un nivel de luz y teníamos que arreglar la sombra.

“Debíamos podar y quitar árboles porque eran muchos, el cedro que estaba maduro había que talarlo porque después acaba con el café joven que siembras ahí, el lecho donde va a vivir la plantación de café tiene que prepararse con tiempo.

“En la fase final de esa tarea, el especialista de café en la provincia en esa época, el ingeniero Díogenes Pineda, quien nos visitaba con frecuencia para evaluar el trabajo e intercambiar sobre el proceso de transformación, me preguntó: ¿qué vas a hacer cuando usted termine aquí?

“Le contesté que me iba para la Empresa de Urbano Noris, que yo estaba prestado allí. Entonces me propuso ir a trabajar en la Delegación Provincial, porque además, él nos fue dando seguimiento a los ocho compañeros que estábamos allí y es cuando decidí comenzar a trabajar de especialista de café”, acotó el empedernido agrónomo.

Aquella selección motivó a Amador a amar mucho más los procesos vinculados al café y comenzó a buscar estadísticas de años atrás asociados a la siembra y cosecha del grano en la provincia, datos recopilados desde 1979, zafra por zafra, su evolución y comportamiento, que hoy lo distinguen como uno de los más avezados en el tema.

En la región oriental se cosecha el 80 por ciento del café que se comercializa en el país.

“Me enamoré del trabajo con el café, me fui adentrando en la especialidad y constaté que este cultivo es agradecido, lo que tú le hagas, él te lo agradece. Por ejemplo; al café hay que regularle la sombra, podarle las ramas jóvenes, hay que pasarle la mano todos los años, una rama que se partió o se secó, una plantación que está muy vieja esto se ve en el campo abandonado y todo ese follaje usted lo pierde como área productiva” explicó Amador Ricardo.

Juan Ramón presume los logros en las cosechas de café de Holguín y añora volver a ver el récord de recogida en un día, cuando el 10 de octubre de 1998 en Sagua de Tánamo se recopilaron 18 mil 500 latas de café. Ese día se convocó a todas las organizaciones de masas y unidades productivas de ese municipio.

“Para sembrar el café lo primero que debemos tener en cuenta es la calidad de la postura, luego hacer una preparación de tierra adecuada, la profundidad, lo ideal es 60 x 60 cm de ancho y profundidad.

“Mezclar y maniobrar bien la materia orgánica, porque el árbol del café vivirá ahí no menos de 25 años y sin un fertilizante, resulta muy difícil una buena producción. Todos los años hay que podar la planta, ramas partidas o secas para buscar follaje, que es donde nace el café.

“El árbol de café se pasa tres años en desarrollo, creciendo. En la quinta cosecha, cuando comienza a mermar, si el campo es de la variedad Arábico, se realizan podas por parcelas de manera oblicua, para que no se pudra con el agua que queda en la base del tronco, que no produce ese año, ni el otro, pero entonces la que está al lado produce bastante.

“Hay varios métodos de podas sistemáticas, por franjas alternas, por ejemplo. Lo cierto es que se puede lograr un cafetal nuevo sin tener que sembrarlo. Yo conocí en Segundo Frente, hace algún tiempo, un campesino que tenía un cafetal de 70 años, el hombre era cuidadoso con la poda, la limpieza, el deshije, que también es muy importante, porque hay ramas nuevas que deben cortarse para darle más fortalezas a las principales”, agregó el ingeniero.

Hoy es el especialista de café en el Departamento Forestal, Flora y Fauna Silvestre y funge como coordinador provincial del Proyecto de Desarrollo Cooperativo Agroforestal (PRODECAFÉ), por el que abogó el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) para atender 300 cooperativas en el oriente cubano, de las cuales Holguín tiene 20.

“A través de este proyecto tenemos la responsabilidad de atender esas unidades productivas para incrementar la producción de café, generarles empleo a los habitantes de estas zonas montañosas, sobre todo a mujeres y jóvenes.

“El mismo se encuentra en los procesos primarios; todavía están en trámites los recursos para fortalecer el trabajo en los cafetales, los cuales debemos adquirir en el mes de enero. Es muy importante recibir estos implementos porque el 80 por ciento del café que se produce en Cuba, sale del oriente, por eso el proyecto está enfocado en esta región.

Los caficultores holguineros celebran su día este 24 de noviembre, inmersos en el pico de cosecha, el cual inició este martes en el municipio de Cueto, hoy miércoles se realiza en Moa, Sagua de Tánamo (25), Frank País (26) y cerrará la ofensiva productiva en Mayarí (27).

El día del caficultor se celebra en Cuba porque se conmemora un aniversario más de la histórica reunión del Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, con las asociaciones campesinas en Santiago de Cuba, donde incita a los productores a atender mucho mejor el café, porque era la necesidad del país en este momento.

Tomado de Ahora

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