Más allá de la grandilocuencia de la expresión, quién duda que realmente existan cien formas de preparar el café. De hecho, circulan recetarios y aplicaciones que prometen hasta más de 200 recetas.

Primero, es una de las bebidas más consumidas del mundo, junto con el agua y el té, y es por tanto un producto universal. Segundo, es un brebaje muy versátil en su forma de preparar, de combinarse y de presentarse. Si unimos ambas singularidades, es lógico suponer que en cada región o país, existan maridajes locales a partir de la conjunción del café con elementos autóctonos.

En Cuba existen también formas muy específicas de preparar la aromática bebida, algunas incluso son hasta únicas en cada hogar, recetas que coexisten con otras más aceptadas mundialmente, como el famoso café expreso.

A edades muy tempranas, y sin llegar al metro de altura, a los niños cubanos se les deja caer unas pocas gotas de café en los labios, a veces con pan tostado. Algunos, incluso, mantienen la tradición de que los primeros chorritos que brotan de la cafetera, el néctar más claro, es el que destinan a los párvulos.  Así inicia el amor de los nacidos en este país Caribeño con el aromático brebaje.

La pasión continúa, muchas veces, con un café con leche, y así crecemos hasta que incorporamos a nuestras costumbres el café de la tarde, el que es casi tan importante como el de la mañana.

Luego, en nuestros años de estudiante y trabajadores, nos enamoramos del café de la noche, como estimulante, o de ese que combate el sueño cuando estar pendiente de un libro o de las obligaciones laborales es apremiante.

Cada familia, persona, cada centro de trabajo o gastronómico, todos tienen sus propias recetas, algunas tradicionales, otras más internacionales, pero en cada una está el café como figura principal de la obra, actriz que se sirve de otros elementos para como una gran vedette, brillar.

Estas son, a juicio de estos autores, algunas de las formas imprescindibles de beber el café en Cuba, al menos las recetas más tradicionales.  

Café cortado: Es un café solo con un poco de leche.

Café con leche: Es la mezcla del café y leche a partes iguales, se sirve en una taza mediana.

Café bombón: Al café se le agrega leche condensada, que por ser más pesada se irá al fondo, al servirlo se advertirán dos colores bien diferenciados. No se sirve con azúcar.

Café criollo: En un recipiente se bate una yema de huevo con una copa de ron añejo y dos cucharadas de azúcar moreno. Una vez bien batido, se pasa a una taza de café con leche o un vaso mediano y sobre ello se hace un café solo largo, mezclándolo antes de servirlo.

Café Blanco y negro: Mezcla de café granizado y una bola de leche merengada que se sirve en vaso acompañado de cucharilla y pajero, si no disponemos de leche merengada lo podemos realizar con helado de nata. 

Café Ruso: Helado de vainilla y café granizado, se sirve igual que el blanco y negro.

Capuchino: Se elabora con espuma de leche.

Café americano: Se prepara el café ligero claro, se utiliza el grano tostado ligeramente y molido grueso, cuya infusión da un café claro acompañado de azúcar. La escala del tueste claro es amplia, pero siempre debe colarse con un café del tipo de tueste claro.

Café cubano: Es un café fuerte, se utiliza el grano muy tostado y molido fino, dando como resultado una infusión oscura y de sabor fuerte.

Café expreso: Se prepara con un café de tueste oscuro, el molinado del grano debe ser fino y en el preciso momento en que se vaya a colar, (si queremos una infusión fuerte y con espuma).

Café A la Vié: Se endulza el expreso acabado de hacer y se enfría. Se mezcla con crema de Vié fría y se sirve en copa de vino blanco.