Esta mujer alcanza unos trozos de leña y hace café, el humo de los palos le hace llorar un poco en Los Reynaldo, un poblado de Songo- La Maya a más de 50 kilómetros de Santiago de Cuba, luego sale al patio y con una vara rústica pesca una biajaca en el lago que ha construido ella misma, en la tarde pinta todo cuanto puede, lo mismo en un papel que en tela. Da igual ella solo quiere pintar, pintarlo todo.

Isabel Álvarez hace verso la línea del tren que pocas veces pasa, los puercos que desandan en su cocina, la cobija de su techo o los palmares lejanos. Todo es arte si ella lo ve con esos mismos ojos que lloran cada mañana frente al café hervido con restos de madera seca. Ella pinta y pinta, nada más.

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