Yulexis Ciudad Sierra: Poeta, narradora, escritora para niños y jóvenes, editora, traductora. Miembro de la Asociación Hermanos Saiz, del proyecto Learte, de Poetas del Mundo y de Escritores Admiráveis. Egresada del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, 2002. Ha sido finalista y premiada en varios concursos nacionales como internacionales en poesía, décima, haiku y cuento. Textos suyos aparecen en diversas antologías y revistas de Cuba, España, Argentina, República Dominicana, entre otras. Algunos de sus poemas fueron expuestos en Canadá junto al artista de la plástica Luis Enrique Gómez y en Brasil junto a la escritora Regina da Cruz Alvarenga. Es fundadora de los talleres literarios Café Bonaparte (Baire, Contramaestre, 1999) y Aromas (Matías, III Frente Oriental, Santiago de Cuba 2007). Tiene publicado el poemario Casa de insomnio, Ediciones Santiago, 2006 y De la opinión al verso: Antología homenaje a José Joaquín Palma y Juan Clemente Zenea, Ediciones Bayamo, 2013.

Conflicto interno

Me dijo que buscaría un cafecito para levantar los ánimos No bebo café, le dije, prefiero un té de limón para calmar la rabia. No sé si funcionaría, pero estaba impaciente por saber lo que había pasado con Malcom X y toda esa basura del racismo, de los archivos inventados y de la cantidad de ojos que culparon a los inculpados.
Pausé el documental mientras sentía la cafetera y el fuego cómplice desde el fondo, el fuego soltaría en breve un pitillo único y provocador, el bendito aroma se expandiría por la casa. No entiendo el porqué acompaño el polvo hasta el néctar, por qué dejo que me envuelva la piel en su misterio.
¿Quieres? Evité la cabeza inclinada y la cuchara diluyendo el azúcar, cuchara sonora contra el esmalte, en círculo. Recordé la Samba do café de Vinícius de Moraes: …o seu café vai ser doce como se fosse um carinho, o seu café vai ser doce como se fosse um beijinho… Y hasta llegué a tragar en seco mientras mi lengua saboreaba el humo al servirse en un simple jarro de dos pulgadas.
Mis ojos intentaban ser parte del discurso en movimiento, alejarse de la mano provocadora, del sorbo sentido en las paredes de la garganta. Sentí que en menos de un segundo el jarro sería un objeto natural y vacío Coloqué la negritud del café en mis labios.