Una de las prácticas comunes más arraigadas es compartir entre colegas, familiares y amigos, devenida por siglos en costumbre y más bien en necesidad de socializar. Los cafés resultan ser de los espacios emblemáticos para ello, vinculados a importantes acontecimientos culturales y políticos como las grandes revoluciones o los más célebres libros.

En el mundo existen hoy los llamados “cafés de gatos”, los “time coffe” que cobran por estancia no por producto consumido y hasta uno en donde los precios dependen de cuán educado puedas ser.

Foto de archivo tomada por Miguel Noa.

Santiago de Cuba cuenta con una rica tradición en cuanto al tema. Fue a partir del siglo XX que estos lugares se adueñaron de la ciudad, a tono con los aires de modernidad del momento y como expresión de continuidad y fortalecimiento de la cultura del café nacida un siglo antes al calor de los cafetales. En ellos eran comunes las celebraciones de fiestas y las acaloradas discusiones de política. Los más elegantes se convirtieron en sitios de reunión de la sociedad más distinguida.   

Las ofertas brindadas en la mayoría eran variadas y de la mejor calidad. Podían tener a disposición del cliente toda clase de repostería, helados, refrescos, frutas naturales, “lunchs” y mariscos frescos. Algunos contaban con excelentes salones para festividades en familia y hasta ofrecían servicio a domicilio.

Uno de los más conocidos era el Café La Cubana, también nevería primero y dulcería después, ubicado en Santo Tomás. Entre los más refinados estaba el Café Europa que para 1913 pasó de estar en Estrada Palma entre Antonio Saco y Marina, a ocupar un local del edificio continuo a Casa Granda, espacio luego perteneciente al enigmático Club San Carlos.

Inaugurado en julio de 1910 y existente aún en 1950, el Café Nuviola también fue de los preferidos por los santiagueros de la época que gustaban de darse cita en la calle Calvario justo frente al parque Aguilera.

Otros que gozaron de gran popularidad fueron el Café La Luz, de los señores Buenaventura Cruz, el Café 20 de mayo del español Benigno Sánchez y el Café La Palma,fundado en 1926 por el señor Francisco Garriga.

Foto de archivo.

Aún ese gusto por tomar un café entre amigos o recién conocidos se mantiene enérgico entre los que vivimos en la Capital del Caribe, seductor además de aquellos que la visitan. Diversas opciones estatales o de emprendedores privados, atraen cada día la atención de los transeúntes, convidados por las risas y el aroma embriagador atrapado en las variadas formas de preparar la bebida.

Aunque cerrados al público por esta terrible pandemia de seguro La Isabelica, Mamá Inés, La Gran Sofía, Plaza de Armas, Más Café, Café Íntimos, el Constantin y por supuesto el Café Dranguet, entre otros, volverán a ser la invitación perfecta para quienes prefieren disfrutar del sabor café combinado incluso con las más atractivas propuestas culturales.

Patio de la Casa Dranguet donde se puede degustar el café en diferentes formas de preparación. Foto de archivo tomada por Edgar Brielo Maranillo

Lianet Godinez Mendoza. Esp. Principal de la Casa Dranguet

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