A la Dr.C Elizabeth Isaac Alemán siempre se le ha visto muy elegante, fina y esbelta mientras recorre los pasillos de la Universidad de Oriente y del Centro Nacional de Electromagnetismo Aplicado (CNEA) saciando ese “bichito” que tienen los científicos de investigar. Pero su imagen se transforma cuando, montada a caballo o, a pie, por los caminos más intrincados, se le ve llevando la ciencia a los campos cubanos.

“Mira, yo agarro lo que aparezca y me voy para el monte y camino kilómetros y kilómetros de distancia para llevar nuestra tecnología a los productores y ver sus caras de satisfacción cuando las cosechas se multiplican. Ese regocijo me lo da mi trabajo y yo lo disfruto”, expresó esta destacada científica del CNEA, quien lleva, junto a otras damas, las investigaciones en la producción de alimentos.

Pero la tarea ha sido dura, difícil porque ser mujer, trabajadora, profesional, madre, esposa, hija y científica, lleva todo el empeño de esta santiaguera, quien reconoce que las doctrinas patriarcales para esta zona del oriente son aún más arraigadas.

Sin embargo el empoderamiento de la mujer en los últimos años es cada vez mayor en una Cuba que siempre ha defendido los derechos de la mujer, teniendo este sector grandes ejemplos de féminas que ha ponderado el papel de la mujer creadora.

Y aunque el trayecto ha sido complejo Elizabeth nunca perdió las esperanzas de “si llego a un centro de investigación me convierto en máster, y si soy máster soy doctora en ciencias, dijo.

“Me gradué en 1996 de Licenciatura en Ciencias Biológicas en la Universidad de Oriente y fui ubicada en el CNEA debido a que participaba en un grupo científico estudiantil en el Laboratorio de Biotecnología Vegetal donde ya se hacían investigaciones para el desarrollo de semillas botánicas y aquí continuamos investigando sobre desarrollo de semillas, vitro plantas y la agricultura”, expresó Isaac Alemán.

Como parte del desarrollo profesional comienzan a abrirse muchas maestrías en los años 1997 y 1998 de biotecnología vegetal en la Universidad de Oriente, en la Universidad de Granma, en la de Ciego de Ávila, Las Villas y en la de La Habana. Elizabeth se decide irse a estudiar para Ciego de Ávila y en 1998 es aceptada en la primera edición de la maestría del Centro de Bioplantas de esa provincia.

“Fueron años muy bonitos, un colectivo que considero como mi segunda familia, éramos 13 compañeros. Fue difícil hacer la maestría porque como era con material vegetal me demoré bastante en terminarla porque trabajaba lo que era la obtención y mejoramiento de vitroplantas de café, mi tutor fue el profesor Caro Callado, de la Estación Experimental de Café y Cacao de Tercer Frente, una eminencia en el mundo del café que me acompañó en el proceso de la maestría la cual terminé en 2004”, dijo.

Como cosas de las mujeres y que casi siempre acompañan su desempeño profesional Elizabeth sale embarazada ya casi en el final del proceso y gracias a su esposo y familia, pudo realizar también con éxito estas dos partes importantes de su vida, convertirse en máster y madre.

Para su sorpresa el DrC. Justo González, quien fue su profesor le propone que si quería hacer el Doctorado con ellos y ella acepta nuevamente el reto.

“Eso para mí fue un orgullo porque como que reconocían que el trabajo que había hecho era muy bueno y proponerme que él fuera mi tutor me sentía muy orgullosa de aquello”, puntualizó.

Aparejado a esto Isaac seguía trabajando en el CNEA, era militante de la juventud, jefa sindicalista e integrante del naciente movimiento de las Brigadas Técnicas Juveniles.

Por sus resultados fue seleccionada para participar en el XVI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes en Venezuela, en el 2005, cita que recuerda con mucho cariño y admiración pues ese país se encontraba en plena efervescencia revolucionaria junto al liderazgo del Comandante Hugo Chávez.

De igual forma integró el movimiento de Mujeres Creadoras, representando a las féminas científicas y santiagueras del territorio en uno de sus Congresos donde también estaban significados los diversos sectores de la sociedad.

Como parte de la realización de su doctorado fue a México a una beca en el Instituto Politécnico Nacional de ese país y luego a Brasil para continuar desarrollando su investigación y en el 2014 defiende su tesis.

“Agradezco a María Esther Rodríguez, una santiaguera que es doctora en Ciencias del Instituto Nacional de Ciencias Agrícola, fue mi tutora y entre Santiago de Cuba, La Habana, Ciego de Ávila y el municipio de Tercer Frente se desarrolla todo mi proceso investigativo y me graduó en el tribunal nacional, donde también conocí personas maravillosas que me apoyaron mucho en toda mi formación, y por supuesto mi familia que fue un apoyo incondicional para mí”, destacó Isaac Alemán.

La tesis de esta nueva Doctora en Ciencias de Santiago de Cuba consistía en la investigación del electromagnetismo como fenómeno en el crecimiento de vitro-plantas de café para optimizar la calidad de esas plantas, a partir de que en el cultivo de café la obtención de injertos se dificulta así como la obtención de vitroplantas, por alguna diferencia en tiempo de germinación de semillas.

“Durante todo ese tiempo de trabajo desarrollamos varios proyectos que tienen que ver con la agricultura y que eran aplicados en la parcela experimental existente en el CNEA. Ya teníamos la parte de la biotecnología pero había que ir a la producción del campo, comentó Isaac.

“En este sentido empezamos a trabajar investigaciones sobre el agua tratada magnéticamente en la agricultura desarrollada por el grupo científico y se aprueba un proyecto territorial de validación de esta tecnología pero a mayor escala, porque ya se había comprobado en las casas de cultivo protegido como en Campo Antena y en la agropecuaria Minit y ya habíamos probado en ese nivel que era efectiva y funcionaba, pero los compañeros de la agricultura le quedaba la insatisfacción de qué pasaba en la montaña.

“Y de esta forma coordinó un proyecto que era de producción de postura de café en condiciones de montaña, las cuales son muy rústicas, donde el sistema de riego es por gravedad y gracias a ese proyecto pudimos demostrar que, a través de los resultados de esa tecnología, podía servir para cualquier sistema de producción agrícola.

“Y esos son los resultados que mostramos hoy como centro científico en la agricultura, trabajando con los productores de la Calabaza, de la Granja Urbana, continuamos con los compañeros de la Agropecuaria Minit, Campo Antena y con los trabajadores de la agricultura de las montañas, los cuales mantienen sus sistemas rústicos, pero con nuestros magnetizadores, puntualizó.

“Aquí en el CNEA todas las que trabajamos la agricultura somos mujeres especializadas en diferentes aristas, y hoy podemos decir con toda la certeza que lleva una investigación científica que nuestra tecnología es aplicable a cualquier tipo de sistema de producción agrícola: organopónico, hidropónico, casa de cultivo protegido, obtención de posturas y plantas medicinales”, destacó.

En esta institución perteneciente a la Universidad de Oriente, son muchas las féminas dirigentes y eso habla del empoderamiento de la mujer desde la ciencia, las cuales han sabido llevar muy bien la vida en el hogar junto con la investigación y el trabajo.

Elizabeth, como todos le dicen, ha recibido diversos reconocimientos y medallas por el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, la Ciencia y el Deporte, los cuales avalan sus casi 25 años de trabajo en el CNEA.

“Ser científica es un reto, y creo que la mujer cubana es un ejemplo, porque cada una desde su pedacito ha dado su aporte al desarrollo del país. La mujer científica tiene el desafío además de saber llevar bien la academia junto con el hogar; es complejo por la carencia de recursos y porque cuando uno ha planificado una cosa viene un huracán (en el caso de la agricultura) y tienes que empezar de cero y eso te va atrasando el trabajo, pero cuando uno no pierde el empeño de querer hacer realmente lo que le gusta, los resultados son numerosos.

“Uno no trabaja para obtener un reconocimiento, sino porque ama lo que hace y se siente orgulloso de ver cómo eso se traduce en beneficio para toda la sociedad”, concluyó.

Escrito por Yanet Alina Camejo Fernández y publicado en el Sierra Maestra