A fines de siglo XVIII y durante los primeros años del XIX, Cuba representó uno de los puntos receptores de sucesivas oleadas de migrantes franco-haitianos provenientes de la vecina Saint Domingue, consecuencia de los procesos independentistas.

Para la jurisdicción de Cuba tal migración no pudo encontrar mejor momento, entonces la colonia se proyectaba hacia la búsqueda de nuevos caminos para alcanzar un mayor desarrollo económico fomentando la agricultura y el comercio.

Muchos de los que llegaban habían sido administradores o propietarios de plantaciones y contaban con conocimientos agrícolas y capital económico. Otros, en Cuba habían forjaron o engrosaron grandes fortunas mediante el comercio de contrabando. Estos migrantes estuvieron a la vanguardia y pudo darle el empujón que la economía local necesitaba.

A pesar de que se asentaron en diferentes ciudades del país, resultó ser Santiago de Cuba una de las privilegiadas. Pronto comienza a hacerse notable la presencia francesa y en poco tiempo cambia el aspecto simple de la villa de aquellos años.

La trama urbana se amplía con el surgimiento de barrios como el Tivoli y el Quartier francés, donde se establecen y tienen sus comercios fundamentalmente los nuevos integrantes de la ciudad.

Un área importante donde se concentraron estos comercios fue en la Grand Rue o calle del Gallo. Con sus variadas profesiones y oficios enriquecen la vida cotidiana del santiaguero y abre las puertas a la modernidad en muchos aspectos.

La dinámica de la vida cotidiana local experimentó notables transformaciones, tanto en el ámbito público como en el privado. Surgieron nuevos patrones de modernidad y refinamiento que abarcaban las más variadas esferas, dígase  hábitos higiénicos, alimentación, moda, arte, concepción de la vivienda, mobiliario etc. 

Uno de los más fieles testigos de la presencia francesa en Santiago de Cuba lo constituyen los trabajos de herrería que aún pueden ser apreciados, principalmente en aquellas zonas donde se asentaron.

Si caminamos por el área del Tivolí o la antigua calle de la Marina podremos apreciar sin esforzarnos demasiado hermosos trabajos de herrería que amparan ventanas y lucetas, igualmente se reflejan en guardavecinos y en barandas de balcones y corredores.

Las rejas resultan verdaderos encajes forjados en hierro donde se contonean rasgos curvos o se formas figuras geométricas como rombos. Estos elementos trabajados con pulcritud y buen gusto, además de un absoluto dominio del oficio, reflejan la destreza de los herreros franceses al fusionar lo funcional con lo estético, prestándole a este último aspecto especial atención. 

El espacio rural va a ser conquistado también, los francés se establecen en las agrestes montañas y hacen construir en aquel paraje casi virgen  suntuosas residencias, muchas de ellas con jardines. Surgieron de este modo un gran número de haciendas cafetaleras que dejaban ver en su propia concepción el enorme capital económico de sus dueños.

Destacan entre ellas Fraternidad, La Isabelica, Monte Bello, San Felipe, La Gran Sofía y San Juan de Escocia. El cultivo del café además de enriquecer grandemente a los ex colonos franceses dio el impulso sin precedentes que la economía local necesitaba.

Un aporte importante en cuanto al tema café, fue la utilización de una nueva tecnología para procesarlo: el método húmedo. Los entendidos en el asunto aprecian el café procesado utilizándolo y destacan ciertas ventajas sobre el tradicional método seco.

Mediante el método húmedo se despulpa y fermenta el grano en agua, para luego ser sometido a sucesivos lavados antes de poner a secar. El aumento de la acidez que trae consigo el proceso de fermentación, incide directamente en el logro de un café de mayor calidad, este valor se evidencia claramente con el aumento del aroma durante la torrefacción o tueste.

Muchos son los vestigios de la migración francesa que aún son palpables  en nuestra ciudad, por ejemplo tenemos dos muy significativos que forman parte del  patrimonio tangible e intangible de la humanidad: el Paisaje Arqueológico de las Primeras Plantaciones Cafetaleras del Sudeste de Cuba, y la Tumba francesa La Caridad de Oriente.

Otro paradigma de gran valía lo constituyen los descendientes de aquellos franceses que vinieron huyendo de la revolución haitiana, desde el año 1995 asociados en el Casino Francés.

Uno de sus principales gestores, el cartógrafo e investigador José Luis Manet Hechavarría, trabajador de la Oficina del Conservador de la Ciudad, nos ha revelado valiosa información para acercarnos a tan emblemática agrupación.

Los antecedentes de la formación de esta sociedad se remontan a diciembre de 1982 cuando viaja a nuestro país el joven Georges Durrive residente en Strasburg Francia, en compañía de su esposa Danielle Durrive. Su viaje está motivado por el interés de encontrar descendientes en Cuba, pues el joven Durrive tiempo atrás había encontrado entre los documentos de su difunto padre una carta familiar con remitente de Cuba.

Luego de hacer investigaciones en la ciudad de La Habana se dirigen hacia Santiago de Cuba donde sí encuentra parientes, gran sería su sorpresa al encontrar frente a frente a hombre con un parecido increíble a su padre fallecido. De este modo los parientes de Francia y Cuba se unen y compenetran en sucesivos encuentros. 

Esta agradable experiencia constituyó el punto de partida para fundar el Casino Francés, así otras familias tendrían la posibilidad de disfrutar la alegría de un reencuentro, y fue idea de Enrique Cuesta Morán, ya fallecido, también de ascendencia francesa.

Entre los principales objetivos de este grupo se encuentra en primer término aglutinar a los descendientes franceses de la ciudad, así como estudiar y preservar el patrimonio material e inmaterial que les fue legado.

Otra importante labor del Casino es el estudio de las genealogías de los asociados, así como prestar ayuda a familias francesas que vienen a nuestra ciudad en búsqueda de los asentamientos donde vivieron sus familiares.

Son muchas las actividades que se realizan en pos de preservar la cultura francesa entre los descendientes, en este caso la Alianza Francesa de Santiago de Cuba juega un importante papel como promotora cultural.

A todas las actividades de la Alianza los miembros del Casino constituyen invitados permanentes, incluso han sido acogidos en sus aulas para que puedan estudiar el idioma francés, sin lugar a dudas uno de los elementos culturales de mayor importancia.

El Casino Francés ha alcanzado importantes logros en materia de aunar familiares de Cuba y Francia, gracias al esfuerzo mancomunado de todos sus miembros y de manera especial a las gestiones realizadas de su presidenta Margarita Gachassin Lafite.

A continuación veremos algunos ejemplos que ilustran parte del trabajo de esta entidad. Los datos que se expondrán corresponden a investigaciones personales de José Luis Manet Hechavarría, en muchos casos apoyados en mapas originales de haciendas cafetaleras  que atesora en su archivo personal. 

La familia Bonsigne

Hacia el mes de marzo del año 1997 descendientes franceses de los propietarios del antiguo cafetal La Sidonia, viajan a la ciudad de Santiago de Cuba, y por medio del Casino Francés localizan y avisten el sitio donde se encuentran las ruinas del antiguo cafetal.

La Sidonia estaba considerada entre las grandes haciendas de la zona este de la región cafetalera que rodeaba a la ciudad de Santiago de Cuba, junto con Prosperidad, Fortune, La Gran Sofía y Providencia. Tras un exhaustivo trabajo de archivo y de análisis de planos cartográficos se logró  ubicar las ruinas del cafetal en una zona montañosa, al noreste del poblado de Ramón de Las Yaguas; hasta allá fueron trasladados los familiares los antiguos propietarios.

Jean Peyret

Viaja a Cuba a principios de Marzo del 2006 con su esposa, en busca de información sobre la posible permanencia de su abuelo en la región de Santiago de Cuba. El Casino Francés nuevamente sirvió de hilo conductor para que esta familia pudiera acercarse a sus raíces.

Se realizaron búsquedas en el Archivo  Provincial de Santiago de Cuba y a partir de datos suministrados por la presidenta del Casino y el investigador José Luis Manet, esta familia tuvo la posibilidad de verificar de manera documental la actividad de su ascendiente, y visitar el entorno donde vivió y trabajó. Resultó que el abuelo en cuestión Santiago Sarrailh se asentó en la zona de Damajayabo, al este de Santiago de Cuba y se dedicó a la producción de frutales.

Paul Casamayor

A finales del mes de Marzo del 2006, llega a Santiago de Cuba, Paul Casamayor, descendiente directo de Prudencio Casamayor, iniciador, promotor y difusor del fomento de la plantación capitalista en Santiago de Cuba.

Uno de los hombres más adinerados de la sociedad francesa radicada en el oriente de Cuba. Paul Casamayor pudo ver con sus propios ojos el entorno geográfico donde su ascendiente fue capaz de fomentar una gran fortuna.  Desdichadamente de este encuentro tan importante con un descendiente directo del gran Casamayor no se guardan relevantes pruebas documentales.

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Sin lugar a dudas el Casino Francés resulta una entidad de medular importancia en el camino hacia la preservación y difusión de la huella de Francia en la cultura santiaguera. A pesar de encontrarse en un momento de pausa actualmente, confiamos en que al despertar continúe realizando tan  encomiable labor. 

Escrito por Lic. Verina Rodriguez Avila

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