La salvaguarda del patrimonio inmaterial es una de las prácticas esenciales que conservan la memoria histórica de una nación. Esta premisa sustenta el desarrollo sociocultural de los pueblos desde las diversas manifestaciones artísticas.

Le sugerimos:

La danza, el baile, los cantos y sus rituales, forman parte de la expresión individual y colectiva de los hombres, que trasciende las fronteras espaciales y temporales.

En este sentido, las Tumbas Francesas de Cuba constituyen un referente universal. Surgieron durante el siglo XVIII a partir de la emigración franco-haitiana. Luego de la primera revolución de América Latina que condujo a la abolición de la esclavitud, un grupo de administradores, colonos, técnicos y mayorales asentaron sus ingenios y cafetales en el Oriente de la Mayor de las Antillas.

Su fuerza de trabajo predominante, los negros esclavos, crearon sociedades que se convertirían en la más auténtica expresión de cubanía. Actualmente existen tres grupos: Pompadour Santa Catalina de Riccis en Guantánamo, Bejuco de Sagua de Tánamo en Holguín y de la Caridad de Oriente en Santiago de Cuba.

Entre los reconocimientos que exhiben están la declaración como Obras Maestras del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad, condición otorgada en 2003 por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco); el Premio Nacional de Cultura Comunitaria y la distinción “Memoria Viva” que otorga el Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana “Juan Marinello”.

Para conocer más sobre la historia y la labor actual que realiza la institución, Sierra Maestra realizó una serie de trabajos a partir de la conversación con Queli Figueroa Quiala, museóloga y miembro de una de las familias fundadoras de la Tumba en la provincia santiaguera, cuya sede radica en Carnicería No.268, entre Trinidad y Habana, en el centro de la ciudad.

Familia fundadora de la Tumba Francesa en Samtiago de Cuba. Foto de la autora.

¿Por qué se concibe con el nombre de Tumba Francesa?

Durante los primeros años de estancia de los colonos franceses, sobre todo aquí en la hacienda cafetalera en las lomas de la cordillera de la Sierra Maestra, sus esclavos en los días de descanso desarrollaban un tipo de baile que recreaba la contradanza de las cortes de Versalles, en Francia.

A diferencia de estas, tenían un estilo muy singular, ya que sustituyeron los instrumentos de cuerda y viento por tambores. De ahí el vocablo tumba, y francesa por la apropiación y adaptación de la cultura del amo en nuevos hábitos y costumbres.

¿Cómo se distingue ese elemento autóctono criollo del haitiano y el francés?

El elemento criollo que nos distingue del refinamiento francés y de la brusquedad, de esa sangre tan fuerte que es la africana y la haitiana, es que el cubano tiene un sentido picaresco. Ello le imprime el sabor a este tipo de manifestación, y no deja que caiga en la monotonía.

Desde que tú sientes el toque de la Tumba Francesa, es algo que te invita a bailar. Es como la miel que atrae, y no tiene nada que ver con algo ajeno o extraño. En Cuba atrae el suelo, el sabor, el sol y el calor. La Tumba… es como una niña que nació en la patria cubana y esta es su cuna. Los padres son extranjeros; pero aquí creció y se desarrolló.

Siempre contaron con una estructura de organización…

Tuvimos un desarrollo como sociedades después de ser ya concebido como grupos de Tumba Francesa. En las ciudades acogían no solamente a aquellas personas que habían sido esclavas, sino también a los criollos. O sea, incluían a los cubanos que no habían nacido en la esclavitud, pero que tenían una ascendencia africana, española o de otras nacionalidades.

A diferencia de los clubes de la alta sociedad en Europa o de los grupos étnicos religiosos africanos, su objetivo era brindar socorro y ayuda mutua. Desde entonces tienen estatutos, normas que cumplir, no solamente en la parte cultural.

Cuentan con un Presidente, que puede ser Rey o Reina, Vicepresidente, Secretario, Vocal, Mayor de Plaza, Composé y Cantadora. Todos ellos velan por el buen funcionamiento de la institución.

¿Por qué de la Caridad de Oriente?

Primeramente, porque estamos en Santiago de Cuba al amparo de la Virgen de la Caridad del Cobre. La segunda razón es por el objeto social de la institución que es hacer la caridad.

Aquí entre todos somos como una hermandad: fraternalmente nos ayudamos. Además, fue bautizada como La Fayette, en homenaje a un general francés que luchó por la libertad de América. Solo en 1905 recibió el nombre actual debido al desprendimiento que hubo de algunos de sus miembros. Era como un renacer de la Tumba Francesa en la provincia.


Ya que menciona el arraigo de la Virgen de la Caridad del Cobre en el imaginario popular, ¿el término Tumba, además de ser por los tambores, no tiene una relación con los cultos religiosos?

En el caso de las Tumbas Francesas, lo que son las acciones mágico-religiosas están aparte. Ya te digo, tumba en el sentido etimológico del tambor, de la fiesta, del jolgorio. No tiene nada que ver con el santo sepulcro. Al contrario, todo es mucha alegría, mucho clamor.

Pero ustedes tienen un ritual dentro del camposanto…

Sí, como no. Pero no tiene nada que ver con la institución.

No tiene que ver con la Tumba Francesa…

No, no. Y bueno, no estoy autorizada…Esas son cosas que forman parte de los secretos de la institución y que nosotros mantenemos…

…en sigilo

Pero están ahí.

Tu familia tiene una larga tradición dentro de la Tumba Francesa en Santiago de Cuba, ¿qué me puedes decir de tu experiencia personal?

En sentido general, existe una continuidad familiar en los 22 miembros que componen el grupo. Esto se revela por la herencia de la membresía de bisabuelos a abuelos, y de padres e hijos. En particular, nuestra familia es una de las más longevas.

La ascendencia Venet Danger es una de las raíces principales del tronco fundacional. Constituye, por otra parte, la única que ha permanecido en la Caridad de Oriente durante 156 años. Mi madre, Andrea Quiala Venet, quien es además presidenta de esta, proviene de las montañas de El Caney.

Actualmente son ocho generaciones jóvenes las que están defendiendo este legado. Yo integro la agrupación hace 29 años, y te puedo decir por mis vivencias que nuestra expresión es añeja y no ha cambiado mucho. Todo lo que he aprendido ha sido por gestión propia. Esto se debe a que, en el pasado, los ancianos se reunían a hablar en creole para ocultarles a los más jóvenes los secretos y conocimientos de la Tumba Francesa.

Por ejemplo, mi hijo, Kevin Flabio Ramírez Figueroa, es un adolescente que, desde los cuatro años, sintió motivación por los bailes, vestuarios, músicas y ritos de su seno familiar. Siempre me dice que se esmera con el toque de tambor y los cantos porque quiere ser Mayor de Plaza y presidente en un futuro.

Además, le tomó siete años aprender el arte, tanto la cadencia de los pasos como el sentimiento. Cuando interpreta la pieza del frenté, donde el tocador y el bailador tienen una controversia de enemigo y rival, debe transmitir un sentimiento específico con los movimientos de su cuerpo y la expresión del rostro. Para ello son necesarias horas diarias de práctica y dedicación.

¿Y cuáles son los otros troncos familiares?

Bueno existieron muchísimas familias en lo que es la Caridad de Oriente. Estaban la familia Despaigne, Hechavarría, Bordeloy, Bonne, Lescay, entre otros apellidos.

¿Qué actividades organizan en la sede para rescatar las tradiciones de la Tumba Francesa la Caridad de Oriente?

Actualmente, tenemos dos días a la semana en que nos reunimos aquí en la institución, que son los martes y jueves. Hacemos presentaciones para el público que desea asistir a partir de las 8:30 pm. Los miembros estamos en la instalación desde temprano en la mañana hasta las 5:00 pm.

Tenemos todo tipo de reuniones con vistas al buen funcionamiento de la agrupación. La recreación es algo primordial porque eso mantiene el espíritu de unión entre los integrantes, y el incentivo por rescatar los elementos que conforman la identidad. A la nueva generación hay que transmitirle todo ese conocimiento para lograr la supervivencia de la Tumba Francesa.

Escrito por  Milagros Alonso Pérez y publicado en el Sierra Maestra

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