Atributos singulares distinguen al Castillo San Pedro de la Roca de Santiago de Cuba, diseñado por el ingeniero italiano Juan Bautista Antonelli, que comenzó a construirse en 1638 y trasciende especialmente por su arquitectura, una combinación de elementos renacentistas y medievales que lo convierten en una reliquia de la tipología militar.

El Morro, como comúnmente se le conoce a la añeja fortaleza española, se encuentra ubicado en un promontorio rocoso a la entrada de la hermosa bahía santiaguera y fue declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad como Sitio Histórico, en 1997, lo que engrandece su notoriedad para orgullo de los coterráneos.

Con el propósito de resguardar la ciudad de Santiago de Cuba de ataques por el mar, en 1638 los colonialistas españoles, por idea del gobernador de la provincia, Pedro de la Roca y Borja, construyeron la fortificación, patrimonio militar edificado que se ha tratado de preservar y proteger, con la restauración de sus muros.

Se sabe que el sitio resultó muy dañado por terremotos en 1758 y 1766, de ahí que fuera reedificado varias veces, y se considera la ocasión más importante la ejecutada por el ingeniero Juan Martín Cermeño, quien le dio la forma actual, valorada como una joya arquitectónica por expertos en el tema.

Expresión, por demás, más completa de la ingeniería militar del renacimiento en El Caribe, el Morro, que se levanta a más de 70 metros sobre el nivel del mar, constituye uno de los lugares más atractivos y pintorescos que realzan el encanto y gallardía de la Ciudad Héroe de la República de Cuba.

En el museo de la fortaleza se atesoran reliquias como planos y documentos, pistolas y balas, que comparten privilegio con las murallas, pasillos y escaleras que también guardan una historia protagonizada por piratas, soldados españoles y mambises prisioneros.

El Castillo San Pedro de la Roca despliega su supremacía sobre un escenario asombroso; cual vigía, a sus pies las quietas y azules aguas del Mar Caribe y a un lado su impactante faro, tal vez el más alto de Cuba por su posición sobre el nivel del mar.

Cruzando la entrada de la bahía santiaguera, cantada por poetas y ensueño de enamorados, se encuentra La Socapa, con su costa rocosa y su batería de cañones, una mezcla de leyenda y realidad; mientras La Estrella y Ciudamar ofrecen vida al lugar con sus frecuentes bañistas.

En ese mágico entorno se levanta como una postal de regalo Cayo Granma, que ofrece un panorama para la evocación con sus botes de pescadores y sus pintorescas casas sobre pilotes.

Al esconderse el sol, una ceremonia militar en El Morro saluda la llegada de la noche con un disparo de cañón que ejecutan jóvenes vestidos con camisa blanca y a la cabeza un sombrero de yarey, es el símbolo de que los mambises entraron definitivamente en Santiago.

Tal escena contrasta con una imagen que aparece de vez en vez para insuflar nuevos aires y motivaciones a ese sitio único: son las novias y las quinceañeras que desean dejar para la posteridad las fotografías más sublimes de sus vidas tomadas allí, precisamente, en tan especial sitio.

Tomado de TV Santiago