Eso dice mi vecino Yuyo, y me extiende el periódico. Lector implacable, me consulta sobre la pelota, pero nunca sobre el fútbol. Ahora viene a pedirme el teléfono, viene armado con un ejemplar del semanario provincial Sierra Maestra del sábado 19 de enero de 2020. Me muestra el artículo de Luis Sánchez del Toro sobre la conclusión de la zafa del café. Termina de hablar por teléfono y se marcha como sí no pasara nada, pero sin darse cuenta deja el periódico y aprovecho para releerlo.

Sucede que producir café es una cultura arraigada en las montañas orientales y Santiago de Cuba es el mayor productor del grano en el país. Esa es una de las razones para que la información del Sierra Maestra esté en primera página. Y esta buena noticia me conduce a una especie de ensayo que escribí en noviembre de 2019 donde afirmaba, y lo reitero, que producir café, ante todo, una cultura.  Permítanme volver sobre el asunto.

Este año la provincia sobrepasó las 4 mil toneladas estimadas, aunque los directivos de la agricultura reconocen que aún están lejos de las potencialidades del territorio para realizar zafras superiores. Más allá de los números se impone el análisis pues, aun cuando el país tiene claro que recuperar la producción es una necesidad dada la calidad del café cubano y las posibilidades para exportarlo; para las provincias orientales el café más que un producto es una cultura.

Para las regiones montañosas orientales el café no es un simple cultivo, sino una expresión cultural anclada en la tradición y en la historia; es parte de su identidad. La producción cafetalera no es solo un resultado económico, tiene implicaciones sociales: incide en la disminución del aislamiento típico de los montañeses, fortalece la tradición familiar, contribuye a socializar la vida del campesino, sobre todo en el periodo de la cosecha; porque la zafra une.

El café no solo produce café; en las tierras donde se plantan los cafetos se siembran otras plantas que garantizanel desarrollo de   una producción de alimentos ecológica y sostenible, destinada al consumo interno y a la exportación. En la esencia de la cubanía está el café. El sabio cubano Fernando Ortiz afirmaba que sin el azúcar y el tabaco era difícil entender la historia y la identidad cubanas; sin el café estos procesos serían aún menos entendibles.

El programa de recuperación implica repoblar áreas, incrementar rendimientos, continuar la entrega de tierras para cultivar café, consolidar la política de precios estimulantes para los productores yfacilitarle la compra de medios: los campesinos aportan más del 60 % de la producción territorial. Las aspiraciones son reales, Santiago con sus suelos privilegiados y su gente laboriosa puede acercarse a su récord histórico: la reciente cosecha es una brújula.

El territorio puede producir mucho más café; para lograrlo debe aumentar la productividad, incrementar los rendimientos y utilizar de manera racional los recursos económicos y humanos. La recuperación cafetera es un imperativo; significa producir aquí lo que actualmente se importa; cumplir con una responsabilidad económica y cultural; implica garantizar que los cubanos tomen buen café y de paso que el café cubano viaje más por el mundo.

Tomado de Radio Mambí