El pasado 8 de enero la dirección de la agricultura anunció que Santiago de Cuba, la mayor productora nacional de café, cumplió su plan anual.

La provincia sobrepasó las 4 mil toneladas estimadas, aunque los directivos de la agricultura reconocen que aún están lejos de las potencialidades del territorio para realizar zafras superiores. Más allá de las cifras se impone el análisis, pues  aún cuando el país tiene claro que recuperar la producción es una necesidad dada la calidad del café cubano y las posibilidades para exportarlo; para las provincias orientales el café más que un producto es una cultura.

Para las regiones montañosas orientales el  café  no es un simple cultivo, sino  una expresión cultural anclada en la tradición y en la historia; es parte de su identidad. La producción cafetalera no es solo un resultado económico, tiene implicaciones sociales: incide en la disminución del aislamiento típico de los montañeses, fortalece  la tradición familiar, contribuye a socializar la vida del campesino, sobre todo en período de cosecha; porque la zafra une.

El café no solo produce café; en las tierras donde se plantan los cafetos se siembran  otras plantas que  garantizan el  desarrollo  de   una producción de alimentos ecológica y sostenible,  destinada al consumo interno  y a la exportación.

En la esencia de la cubanía está el café. El sabio cubano Fernando Ortiz afirmaba que sin el azúcar y el tabaco era difícil entender  la historia y la identidad cubanas; sin el café estos procesos serían aún menos entendibles.

El café y el llamado Plan Turquino están indisolublemente ligados. El Plan Turquino, desde su nacimiento en 1987, se define como un programa para el desarrollo integral de las montañas, para organizar y sistematizar los esfuerzos dirigidos a elevar la calidad de vida de sus pobladores. El café es el corazón el Plan Turquino, su producción básica,  la que compulsa el resto de las producciones y programas.

Entre los objetivos de este programa están: estimular la producción de alimentos, proteger los ecosistemas,  realizar acciones para garantizar el desarrollo de la salud, la educación, el deporte y la cultura y para conservar las tradiciones patrióticas del campesinado cubano. Por sus objetivos y alcances este programa constituye un proyecto comunitario encaminado a solucionar los problemas sociales con la participación directa de los montañeses.

La producción de café ha decrecido en los últimos años, las cifras oficiales son elocuentes; los especialistas consultados opinan que  en dicho  descrecimiento    inciden factores externos e internos asociados, en primer lugar, a la falta de fuerza de trabajo y  carencia de recursos materiales y  económicos a lo cual hay que sumarle  fenómenos climáticos adversos, ataques de plagas y la no aplicación de  técnicas que  requieren  pocas inversiones.

La provincia Santiago de Cuba afronta los mismos problemas que las otras regiones cafeteras del país y aunque cumplió su plan  los resultados están lejos de sus mejores índices históricos. En la provincia está en marcha un proyecto de recuperación de la producción cafetalera. Si para el país este programa de reanimación  es importante, para  la zona oriental es vital: el territorio aporta más del 80%  de la producción nacional del grano.

El programa de recuperación implica repoblar áreas, incrementar rendimientos,  continuar la entrega de tierras para cultivar café, consolidar  la política de precios estimulantes para los productores  y facilitarle  la compra de medios: los campesinos aportan más del 60 % de  la producción territorial. Las aspiraciones son reales, Santiago con sus suelos privilegiados y su gente laboriosa puede  acercarse a su récord histórico: la reciente cosecha es una brújula.

El territorio puede producir mucho más  café; para lograrlo debe aumentar la productividad, incrementar los rendimientos  y  utilizar de manera racional  los recursos económicos y humanos. La recuperación cafetera es un imperativo; significa producir aquí  lo que actualmente se importa; cumplir con una responsabilidad económica  y cultural; implica garantizar que los cubanos tomen buen café y de paso que el café cubano viaje más por el mundo.

Con información de Radio Mambí

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