El parque arqueológico subacuático de Santiago de Cuba, restos de la batalla naval de la Guerra Hispano-cubana-norteamericana, atraen la mirada de turistas nacionales y foráneos interesados en conocer de cerca algunos de los escenarios del hecho bélico que inició fin del colonialismo español en América.

La riqueza arqueológica del parque incluye pecios de gran valor histórico. Están dos norteamericanos: uno en Siboney (utilizado en el desembarco de tropas norteamericanas) y el “Merrimac”, en la bahía santiaguera; y de España están el “Furor”, en Mar Verde; “Plutón”, en Rancho Cruz; “Almirante Oquendo”, en playa Juan González; el “Vizcaya”, en Aserradero, y el “Cristóbal Colón”, en La Mula.

En la ensenada de la playa de Juan González, y a la vista de quien visita la costa o simplemente pasa por la carretera, se encuentran los restos del antiguo Crucero Acorazado Almirante Oquendo, sin dudas el pecio que más atrae la mirada del turista no especializado en inmersiones subacuáticas.

Foto J. Loo Vázquez

A decir de los lugareños, todos los años llegan personas, nacionales y foráneos, interesados en conocer de cerca los restos de del Almirante Oquendo y sin importar el país de origen, generalmente tienen el conocimiento histórico de este pecio, sin embargo, lo que buscan es ver de cerca este buque

Se dice que es increíble la inmersión porque primero a pesar de tener tanto tiempo hundido se mantiene en buen estado de conservación, y está rodeados de una increíble fauna, sobre todo pequeños peces, como Loros e Isabelicas.

El Crucero Acorazado recibió más de 50 impactos de la artillería pesada norteamericana fundamentalmente del Iowa, por lo que la mayor parte de los marineros en las cubiertas superiores fueron muertos o heridos. El buque se hunde a unos 80 m de la orilla de la ensenada de Juan González y perdió 80 hombres durante el combate.

El sitio arqueológico abarca las ensenadas de Juan González y en la playa contigua Nima Nima. En esta última, a 12 metros de profundidad, se encuentra el Ancla de Fe del Teresa y cubiertos por sedimentos de aluvión, arrastrados por el río, herrajes, cajas de acero, proyectiles y herrajes, que pudieron haber sido arrojados al agua para aligerar el buque durante las maniobras de reflotarlo.

En la ensenada de Juan González a unos 80 metros de la playuela, emerge una torreta y cañón Hontoria del agua, como testigo de su fatal destino. Aún muestra en la banda de babor fogonaduras de los impactos de proyectiles enemigos de grueso calibre, ambas barbetas apuntan sus cañones a la superficie y colapsada la cubierta, asoman en hileras dobles las colosales calderas.