El carnaval de Santiago no es una fiesta cualquiera. Aunque la fecha reservada para el arranque del Rumbón mayor fue el pasado 21 de julio, lo cierto es que la Ciudad Rebelde está celebrando desde mucho antes. Los festejos empezaron desde la misma mitad del mes con los carnavales acuático e infantil, antesala de esta fiesta que empata auroras y ocasos en una algarabía que no acaba sino el mismo 27.

Precisamente por ser un jolgorio singular, considerado Patrimonio Cultural de la Nación, es que quienes lo han conocido sienten nostalgia cuando Santiago está en carnavales y se está lejos: «Si alguien se detiene es solo para coger impulso. Se vive la ilusión del nuevo suceso, cuando aún está fresco lo vivido la noche anterior. El carnaval son muchas cosas a la vez. Tradiciones, cultura, ver a los amigos, recordar las calles donde sentimos fuertes emociones en diferentes momentos de la vida, y volverlas a vivir. Es nostalgia y esperanzas, y es también Moncada, calor, vacaciones y sabrosura, una mezcla de intensidades que se renueva cada vez que llega», dice a Granma la profesora santiaguera Mabel de Dios Blanco, radicada en La Habana hace más de 20 años.

Foto tomada de Granma

De nostalgias habla también una de las más alegóricas canciones que referencian el carnaval santiaguero, Añoranza por la conga, de Sur Caribe, la que cuenta el dolor de Micaela, quien se marchó a otras tierras y «nada la contenta / solamente piensa /y solo la atormenta el dolor» y «dicen que ella quiere, / lo que ella no tiene, /que es arrollar» (…) con la Conga de los Hoyos.

Pero no son tristezas las que viven por estos días los santiagueros, con tantos motivos para estar felices. Los que pisan hoy esa tierra sacuden aflicciones; Santiago baila y brinda hoy, por su fiesta, por su país, por la dicha reverdecida y soñada un 26 de Julio, y arrollan sin prisa, pero sin pausa, rumbo hacia el futuro.

Tomado de Granma

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