En la zona montañosa de la Gran Piedra, en Santiago de Cuba, lugar donde existen evidencias físicas del patrimonio construido por los franceses, también sobreviven, en la cotidianidad de sus pobladores, aquellas huellas inmateriales vinculadas al cultivo de diferentes variedades de plantas y elaboración de algunos alimentos.

Ana Rodríguez Carbonell, especialista del museo cafetal La Isabelica, aseguró que entre los pobladores de la zona, unas 45 casas en total, se cultivan especies de plantas introducidas por los franceses en los siglos XVIII y XIX, como son los melocotones y el sagú, a la vez que se elaboran platos también provenientes también de la cultura gala, entre ellos la crema de vie.

“Los franceses introdujeron numerosos cultivos, principalmente el café, pero también la pimienta dulce y el chayote o chote, el apio, también trajeron numerosas variedades de plátano y cítricos, el melocotón, el albaricoque y el durazno… lo más importante es que en cada patio de los pobladores de la Gran Piedra hay, al menos, una de esas plantas traídas por los franceses”, señala y especifica que de la misma forma muchos de los platos que se realizan también mantienen las tradiciones.

Quimbombó
Yurumuná
Calalú

Sin embargo, la zona de la Gran Piedra no es la única que mantiene viva esas tradiciones culinarias, algunas de ellas existen hoy en día en otras zonas, y sus orígenes se remontan a siglos atrás.

Claudia López Moreno acaba de concluir una investigación sobre los aportes culturales de los franceses en la zona de Ramón de las Yaguas, en Santiago de Cuba. Además de aristas relacionadas con el vestuario o la organización al interior de las viviendas, ella encontró que también la huella se extendió al ámbito culinario. Su indagación se centra en el pasado.

“El nivel económico o de vida de cada familia se reflejaba en los hábitos alimenticios, en el interés de reflejar el ambiente francés, vinieran o no de Francia. Mantenían referentes como el champiñón y las latas de confite, también estaba presente la carne del norte, un tema que aún se investiga pues no se conoce si provenía del norte de Cuba, de Francia o del continente americano, aunque sí era un distintivo que diferenciaba, por ejemplo, una familia francesa de una española, también se mantenía el pan francés, aunque también encontramos que utilizaron muchos productos locales”, añade.

Los aportes franceses a la cultura culinaria cubana actual, huellas viven hoy mimetizadas en la cotidianidad de los nacidos en esta nación caribeña, es uno de los temas que se tratan en el III Coloquio “Lo francés en Cuba y el Caribe”, que sesiona hoy y mañana en la santiaguera Casa Dranguet, como parte del programa de actividades del 38 Festival del Caribe.