El café, sin dudas, tiene que haber sido creado por los dioses, y en eso estarán de acuerdo las miles y miles de personas que no pueden comenzar el día sin la calidez de un trago.

Colarlo es bastante fácil, incluso existen variedades de instrumentos y maneras de presentación, incluidos el café «carretero», preparado por los arrieros en alguna parte del camino, el de la abuela en el colador y el de las cafeteras de presión o eléctricas.

Pero el café, que se da en intrincados parajes de la geografía nacional, requiere de un arduo trabajo desde la siembra hasta el sabor del éxtasis.

A la salida del sol, encontrarse frente a una de sus plantas, con un morral amarrado a la cintura, el rocío impregnado en cada rama y las hormigas listas para atacar… no es divertido. Y es que desde la plantación, el cotizado grano conlleva mucho esfuerzo.

Su cultivo requiere de cuidados como la creación de viveros para escoger mejores posturas, la siembra, regulación de la sombra en los campos, poda, riego de abono, y muchos otros procesos hasta llegar al pilón, el colador y la taza.

En tiempos de cosecha, cuando cada recolector se concentra en la carrera que tiene por delante, ni las aves perturban el silencio. En los minutos de descanso sobresalen las risas entre las plantas de café robusta y arábiga, los más abundantes en Cuba, y resuenan algunas canciones para hacer más llevadera la jornada.

Julio César Matos Rodríguez, uno de los obreros más destacados de la cooperativa Mártires de Barbados, del municipio de Buey Arriba, comentó hace pocos días a la prensa que para recoger café es necesario tenerle amor al trabajo porque incluye mucho sacrificio pero también resulta una labor reconfortante.

Muchos jóvenes se incorporan desde edades tempranas a esa faena, tal es el caso de Lesyanis Alcolea Jiménez, de 17 años, quien reside en la intrincada comunidad de San Francisco, en Granma, y cada día recoge un aproximado de tres latas de café.

Alcolea Jiménez comenta que los recogedores están motivados por el aumento del pago salarial de acuerdo con la calidad y cantidad del grano, lo cual constituye una de las razones por las cuales este año la campaña ha sido superior.

En Cuba se trabaja desde hace ya cerca de una década en el programa de recuperación cafetalera, gracias al cual se han renovado gran parte de las plantaciones de ese cultivo en todo el país y se labora en la revitalización de las demás.

El aumento de las producciones, las mejoras en las condiciones de vida de las comunidades donde se cosecha el grano, el incremento salarial de sus habitantes, y la disminución de la emigración de los pobladores de las montañas hacia las capitales municipales, son algunas de las buenas consecuencias del programa cafetalero en la Sierra Maestra.

La cosecha de café representa una fuente de empleo para los campesinos y otras personas, quienes aumentan sus ingresos, favorecen la economía del país y hacen posible el trago amargo que nos alegra el día.

Escrito por Maité Rizo Cedeño y publicado en Adelante

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