Esa es la mayor preocupación de Wilfredo Luque Lahera, uno de los pocos amoladores de cuchillos y tijeras que existe en la ciudad de Santiago de Cuba, quien no ha logrado, ni en la propia familia, compartir sus conocimientos con generaciones más jóvenes.

Él asegura ser la única persona en la urbe de Santiago de Cuba que realiza ese oficio a la manera más tradicional, con una gran amoladora que arrastra por las calles de la ciudad, donde la misma rueda es a la vez la que impulsa la piedra esmeril, y no con un pequeño equipo acoplado a una bicicleta, que es como algunas personas lo hacen hoy en día.

“Pero, aunque cumple su objetivo, no es así como debe hacerse”, asegura Wilfredo y acota “el cuchillo o tijera debe afilarse con ambas manos, para que quede parejo, y con la amoladora tradicional se impulsa con el pie en el pedal, mientras que en la bicicleta se usa un reductor, se impulsa con una mano y con la otra se afila, no queda parejo… cumple su objetivo, pero no está del todo bien hecho”.

Nació en Guantánamo, pero en Santiago de Cuba encontró el amor. Luego retornó a su tierra natal, donde aprendió el oficio de amolar cuchillos y tijeras, pero más tarde regresó a la llamada «tierra caliente», a estar con sus hijos y nietos, y aquí está hasta la actualidad. En la más oriental de las provincias cubanas tuvo un discípulo pero que nunca practicó el arte de sacar filo. Nunca más ha tenido un aprendiz.

Por las calles de Santiago de Cuba se le puede ver a Wilfredo, aunque el sonido de su «flauta» realmente es siempre lo primero y lo último que se escucha de su paso por las arterias de la urbe. Santa Bárbara, Sueño, Vista Alegre, 30 de Noviembre… son algunas de las barriadas que disfrutan de los servicios de este señor, que con más de 60 años, mantiene viva una tradición que, asegura él, vino con los españoles al país.

Se ha convertido en alguien interesante en las calles. Con una gran amoladora, su «flauta», y el propio hecho de sacarle filo a viejos cuchillos, tijeras y alicates, le han merecido no pocas fotos de personas curiosas. Quizás no llegue a ser uno de los personajes populares de Santiago de Cuba, aunque sí tiene un lugar en el corazón de los hogares de los lugares por donde pasa.

Es, sin dudas, el mejor amigo de quienes se dedican al arreglo de las manos y los pies, de las personas que usan las tijeras en su cotidianidad o en algún oficio, y también de chefs que no conciben tener sus cuchillos de otra forma que no sea bien afilados.

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