Los preparativos para los carnavales de Santiago de Cuba, declarados Patrimonio Cultural Cubano, avanzan hoy a lo largo y ancho de su geografía urbana, donde volverán a mover a miles de personas atraídas por un convite secular.

Uno de los vórtices de esos ajetreos es la Avenida Michelsen o de La Alameda, en cuya extensión junto a la bahía están casi listas las gradas para los paseos de carrozas, comparsas y congas que son uno de los atractivos principales del jubileo y expresiones de la cultura popular tradicional.

Las fiestas tendrán lugar entre el 21 y el 27 de julio próximo y una vez más continuarán los aires de celebración que dejará el Festival Internacional del Caribe, con sede en la urbe desde el 3 hasta el 9 de ese mes, dedicado a la cultura de la isla de Bonaire.

Un indicativo de la proximidad del jolgorio son los ensayos de los grupos portadores y otras agrupaciones musicales y danzarias que se involucrarán en las festividades, declaradas Patrimonio Cultural de la nación en el 2015 por sus valores tradicionales e identitarios a lo largo de siglos.

El Premio Nacional de Música, Enrique Bonne, muy ligado a los carnavales con sus Tambores, defiende ese sello genuinamente popular, que deben mantener con características originales y conservar su raigal espíritu de vida para evitar convertirse en una feria al calor de cambios traídos por la modernidad.

El historiador Julio Corbea ha considerado que por su propia naturaleza, estos festejos son transgresores y requieren sistematicidad y amplitud en estudios académicos que continúen develando sus claves como elemento indispensable de la identidad nacional.

El Museo del Carnaval, único en Cuba y ubicado en pleno corazón de la ciudad, ofrece a los visitantes un pormenorizado recorrido por este hecho cultural que como ningún otro quizás ha sintetizado la herencia europea mezclada con el aporte africano en el devenir de estas tierras americanas y caribeñas.

Escrito por Martha Cabrales y publicado en Prensa Latina.

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