Incorporar el café en la elaboración de platos, postres y bebidas es el objetivo de los cursos de cocina que impartirá desde mediado de mes una joven chef de Francia al sector privado, con servicios de gastronomía al turismo en esta ciudad.

Yaumara López, directora del Centro de interpretación y divulgación del patrimonio cultural cafetalero (Casa Dranguet) en Santiago de Cuba, dijo que serán gratuitos y propiciarán ampliar las ofertas en los negocios, para de hecho convertirse en promotores del proyecto Los caminos del café.

Financiado por la Unión Europea, la Fundación Malongo y la Oficina del Conservador en esta urbe oriental, tiene fines culturales, artísticos, sociales y agrícolas y entre sus propósitos persigue rehabilitar y dar a conocer el patrimonio cafetalero de la región.

Igualmente, revalorizar la cultura del café y la huella francesa en la Isla, precisó la también coordinadora por la parte cubana.

Los cursos comenzarán en la tercera semana de junio, con sesiones teóricas y prácticas, y el compromiso de los inscritos es concluirlos y mejorar y diversificar el producto que brindan, insistió Yaumara.

Raquel Durand, maestra de reportaría y cocina en Francia, quien impartirá esos conocimientos, detalló que tratará la integración del café en las recetas, manteniendo el sabor de la cocina cubana, y que beneficiará al sector privado y a especialistas de la Gastronomía especializada y del grupo Palmares.

Como cierre, explicó, los participantes deberán elaborar uno de los platos aprendidos e incorporarlo a su restaurante, cafetería o casa de arrendamiento, ya que se convertirán en parte del circuito turístico de Los caminos del café.

La Casa Dranguet, sede del proyecto y cercana al Parque Céspedes, abrió sus puertas en el 2015 en el ámbito del medio milenio de la fundación de la villa santiaguera.

Allí se puede conocer desde la llegada del cultivo a Cuba en 1748, por La Habana, hasta su fomento en el Oriente por colonos franceses, quienes trajeron un sistema agroforestal muy eficaz al asentarse en su lomerío, cuando comenzó la revolución haitiana a finales del siglo XVIII.

Una intensa animación que conjuga el saber del cultivo, las manifestaciones culturales y degustación de la bebida, distingue a la casona de estilo colonial de dos plantas, con un ambiente doméstico del siglo XIX, donde vivió Carlos Dranguet, descendiente de emigrantes.

Escrito por Marlene Montoya y publicado en la Agencia Cubana de Noticias.

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