José Martí, Héroe Nacional de Cuba, es considerado uno de los hombres más preclaros de su tiempo, y sin dudas, de la historia de su nación caribeña.

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Muy pocas aristas de la realidad escaparon de la aguzada mirada de este intelectual, quien se destacó, además, como poeta, político, traductor y periodista.

Sobre el café, un elemento tan raigal en la cultura cubana y de los nacidos en esta tierra, el Maestra también escribió y sintió.

Según Jesus Saura Suarez (artículo publicado AQUÍ), la relación del Héroe Nacional de Cuba y el café se expresaba de diversas formas:

«Comer solo es un robo, solía decir, expresando con ello que lo consideraba ”un placer robado al comensal ausente”. Con esta misma filosofía no solo invitaba a los amigos a comer en un modesto restaurante, donde servían, bien hechas, comidas típicas de distintos países, sino por igual a la casa donde residía, y que no faltaban tertulias que incluían una taza de café criollo y la lectura de algún que otro verso de sobremesa.»

«Martí gustaba de saborear el café con miel, condimentado con anís o nuez moscada o los rústicos manjares que su pueblo le brindaba en cada “almuerzo cariñoso”, Se complacía en conocer cada planta, cada árbol con sus propiedades. Deja constancia de los alimentos y de los remedios naturales acopiados por la sabiduría campesina, indispensables para curar a los heridos combatientes.»

«En una de sus travesías, se topa con madrazas respetables como esa Nené con veinte hijos o la mulata Mercedes, “de vejez limpia”. Todas ellas lo hospedan, lo alimentan a él y a los patriotas, recién pilado y colado el café, granado el arroz blanco con su acompañamiento de huevos fritos o pollo y viandas. Todos, hombres y mujeres de trabajo, se aprontan para la guerra y preparan sus armas y Martí va descubriendo su América y saboreando sus frutos.»

«Nuestro Apóstol dijo sobre el café:

El café es un jugo rico, fuego suave, sin llama, sin ardor, que aviva y acelera toda la ágil sangre de mis venas.

El café tiene un misericordioso comercio con el alma, dispone los miembros a la batalla y a la carrera, limpia de humanidad el espíritu, aguza y adereza las potencias, ilumina las profundidades interiores y la envía en jugosos y precisos conceptos, a los labios.

Dispone del alma a la recepción de los misteriosos visitantes y a la audacia, grandeza y maravilla.»

Foto tomada de TripAdvisor

Rafael Moya, en su artículo El café en la vida de José Martí, comparte una curiosa historia que vincula al Héroe Nacional de Cuba y la sabrosa bebida.

«Cuenta el joven Martí, que a la sazón se encontraba en tierras guatemaltecas y veíase en su mente como un aventurero que cabalgaba sobre un brioso corcel y que estaba en constante riesgo de encontrarse con un tigre u otra fiera en cualquier recodo del camino, que llevaba varios días recorriendo pequeños poblados y añoraba un trago café para saciar sus deseos de degustar la infusión a la que se  había acostumbrado desde su infancia y que ya constituía un hábito para él.

“Estoy en tierras de mi Madre América y ¿no habré de beber café por la mañana?”, escribía en su cuaderno de apuntes, y cuenta que al llegar a una modesta casita le preguntó a la dueña si tenía café y al no comprender lo que esta le contestó, continuó parado en la puerta; ella entonces le preguntó: “¿No sabe beber leche?”, a lo que él respondió: “Saber precisamente, sí sé, pero quisiera café ahora. ¿Conque no se puede hacer?” Entonces la señora le contesta en tono áspero: “Pues ¿no le acabo de decir que se puede?” Lo mandó entrar y le volvió la espalda; al rato regresa cariñosa “con la camisa estirada y aliñada la trenza trayendo en porcelana transparente” un humeante y delicioso café: “Aquí tiene el cafecito, mi señor. ¿Lo quiere con marquerote o con semita?”, que es, según aclara, una especie de panecillos dulces de arroz o trigo. A continuación, cuando la mujer le pregunta: “¿No sabe humar cigarro, mi señor?”, es que descubre, con una mezcla de gracia y asombro, lo que no había entendido antes: la pregunta:  “No sabe?” equivalía en aquellas tierras  a ¿No tiene Ud. costumbre?

Días antes, tras cenar humildemente, sin cubiertos pero en limpio mantel, al degustar la sabrosa bebida se había inspirado a escribir en su cuaderno lo que es para muchos la más completa y bella descripción que sobre ella se haya escrito en la que comparaba aquella “amable taza de café” que servían  a sus labios con la suntuosidad del oro y que, según sus propias palabras, le había acelerado la “ágil sangre” de sus venas y hacía brotar el verso mientras la sorbía. Sin lugar a dudas era nuestro Martí un apasionado admirador de los atributos y encantos del café. Con esta sencilla anécdota se nos revela el hombre terrenal, el que también disfruta, como todos los mortales, los pequeños placeres de la vida, que tiene sus necesidades cotidianas, que siente la añoranza de lo suyo; por eso, y por muchas cosas que lo hicieron pasar de la vida sencilla de hombre a la de héroe de su tiempo y de ahora, es tan grande.»

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