Un importante aporte de la Oficina del Conservador de la Ciudad (OCC) de Santiago de Cuba –que cumple este 28 de abril sus primeras dos décadas de fundada–, fue sistematizar las investigaciones arqueológicas a partir de una planeación estratégica y la aglutinación de especialistas en la materia.

Antes de la existencia de la OCC se hacían indagaciones científicas de ese tipo en Santiago de Cuba pero estas eran más aisladas, no tenían una visión integradora y tampoco respondían a un proyecto de alcance mayor.

Juan Manuel Reyes Cardero

El Máster en Ciencias Juan Manuel Reyes Cardero, actualmente especialista de la Oficina del Historiador de la ciudad, asegura que en 1999, dos años después de la fundación de la OCC, participó en la creación del embrión de lo que hoy es el Grupo de Arqueología de esa institución santiaguera, y que hoy desarrolla su labor como parte de los trabajos de conservación y restauración.

“Marta Lora, que era la directora de la Oficina Técnica, insistía mucho en el trabajo previo de los arqueólogos antes de realizar cualquier intervención constructiva en un sitio”, asegura Reyes, quien fungió como primer director del Grupo de Arqueología, y agrega que “lo primero que hicimos fue ir a La Habana al Gabinete de Aqueología y a la Escuela Taller, durante un mes recibimos un intensivo, para adquirir las primeras habilidades”.

Luego siguió un proceso de aglutinar a aquellas personas que en Santiago de Cuba tenían algún tipo de experiencia en las investigaciones de arqueología aborigen o colonial.

Los primeros años de este grupo de especialista derivó en trabajos arqueológicos en zonas cercanas a la ciudad de Santiago de Cuba, en la Estrella –en la bahía de la urbe–, en el antiguo colegio San Basilio Magno y en la catedral de la ciudad, primera y más antigua del país.

De esta época, Reyes recuerda los trabajos en el antiguo colegio San Basilio Magno, el que considera “uno de los sitios arqueológicos más importantes de la ciudad, porque ahí no solo descubrimos los diferentes niveles epocales a través de los pisos y de los estudios parietales que se hicieron, sino que a través del estudio de piezas arqueológicas pudimos ver el contacto hispano aborigen del siglo XVI, fundamentalmente a partir de una cerámica mayólica muy primitiva. Todo esto indica que el sitio está muy vinculado a la fundación de la villa de Santiago de Cuba”.

Explica Reyes que “en el caso de la Estrella lo más importante fue la limpieza, la búsqueda de niveles y estructuras, y las excavaciones donde se encontraron piezas tanto de españoles como de aborígenes” y en el caso de los trabajos arqueológicos en la catedral “estaban enfocados a localizar los restos de un arzobispo, al final lo encontramos en un estado de bastante deterioro, pero lo curioso es que en unos 75 metros de excavaciones hallamos, a la par, restos humanos que indicaron la existencia allí de una fosa común, que por estudios antropológicos se demostró que eran de personas de color negro. Antiguamente las personas más humildes se enterraban en la parte del atrio de las iglesias, al final, estos hallazgos indicaban que el enterramiento del arzobispo se correspondía con el siglo XIX mientras que el de los demás restos eran de los siglos XVII y XVIII. Las causas de esto estaban en que la iglesia se expandió, y la fosa común que primera estuvo en el atrio, posteriormente quedó dentro de la iglesia”.

Difícilmente exista un ámbito en el quehacer relacionado con el patrimonio de Santiago de Cuba, que la OCC no tenga algún tipo de influencia, desde la más leve huella hasta otras consecuencias de gran trascendencia, como impulsar, y decisivamente, el desarrollo de las investigaciones arqueológicas en la ciudad.

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