Así miran los fundadores, trabajadores aún en activo o jubilados, a la Oficina del Conservador de la Ciudad (OCC) de Santiago de Cuba al celebrar, este 28 de abril, las primeras dos décadas de creación de esa institución. Ellos, al unísono, coinciden en que cuando algo se hace con amor, pasión, entrega y mucho sentimiento de pertenencia, el tiempo pasa como una suave brisa y uno solo lo nota cuando hace una pausa para mirar atrás.

Hoy es el mejor día para hacer esa merecida pausa.

Nancy Giraudi Rodríguez

Según Nancy Giraudi Rodríguez “mencionar a la OCC es hablar de la ciudad, la misma ciudad que es para nosotros como una madre, una que necesita ser atendida en el transcurso de su existencia, por eso esta institución que hoy celebra sus 20 años es una de sus hijas que surgió para amarla, protegerla y conservarla, para mostrarla al mundo con todos sus colores, con todas sus dimensiones y sus facetas”.

“La Oficina para mí ha sido una gran escuela”, explica esta mujer cuya voz se siente más suave al hablar de la OCC, “porque la conservación es una parte de la enseñanza constructiva y de la espiritual, pero eso solo se aprende aquí en el Conservador, porque es el único lugar donde uno se topa con el patrimonio, tanto el edificado como el inmaterial”.

“Esta es la oficina que soñé 20 años atrás”, así categóricamente lo afirma y sus palabras estremecen, “cada sueño realizado es una alegría, una satisfacción y una felicidad plena, y más si analizamos que la OCC es una institución abierta, que ha trabajado en equipo con otras, y siempre ha tenido como elemento principal a los santiagueros… trabajamos por declarar a Santiago de Cuba, una ciudad bella, sostenible, una urbe que junto a la Oficina del Conservador, sea cada vez más amada y visitada, abierta al mundo y a todos los que quieran preservarla desde cerca o desde lejos”.

Rosa María Mojarrieta del Prado

Todos recuerdan el día que Rosita llegó a la Oficina del Conservador de la Ciudad: esos ojos grandes, redondos y hermosos, nunca pasaron desapercibidos. La dulzura con que siempre ha tratado a todos, en especial los jóvenes, es también insoslayable.

No muchos conocen que su nombre completo es Rosa María Mojarrieta del Prado, pero todos saben de su buen trabajo, sobre todo, de su entrega. Aquí todos la han visto crecer profesionalmente.

“Para mí ha sido un honor y un privilegio trabajar estos 20 años en la Oficina del Conservador de la Ciudad porque es un lugar que le ha dado un vuelco extraordinario a la urbe, y cada uno de nosotros hemos participado de una u otra forma”, resalta.

Los primeros años, como todo lo que comienza, fueron de los más duros. Dice Rosita que “el apoyo de mi familia, de mi madre, en esos inicios, fue vital. Las jornadas de trabajo se hacían muy largas…”, pero ella encuentra en el trabajo intenso, el aliciente que reconforta “disfruto enseñar a los más jóvenes la disciplina, la seriedad y el amor por lo bien hecho, que cumplan con sus obligaciones y sientan pasión al hacerlo”.

“En la Oficina del Conservador de la Ciudad logré terminar mi carrera universitaria, fíjate si este lugar significa mucho para mí”, sentencia Rosita.

Jesús Aragón Ramírez

Jesús Aragón Ramírez es, posiblemente, el trabajador fundador de la Oficina del Conservador de la Ciudad que más kilómetros ha recorrido en la urbe.

“Es un orgullo manejar para un director como lo es Omar López”, explica Jesús, quien es bien conocido por saber localizar, con exactitud milimétrica, todos los sitios en Santiago de Cuba vinculados con el patrimonio. Añade que “donde quiera que él va, ahí estoy yo… siempre que puedo”.

Dicen que una institución es lo que su máxima autoridad sea capaz de modelar, pero un “jefe”, donde mejor se ve es en los ojos de sus compañeros de trabajo, y según Jesús, con Omar López: “tengo las mejores relaciones, basadas en el respeto mutuo. Para mí es un orgullo trabajar con él. Ese mismo respeto es el que existe en toda la Oficina”.

Aida Morales Tejeda

Las fotos de 20 años atrás son testigos de que Aida Morales Tejeda entró siendo casi una jovencita a la OCC, y aunque hoy lo es aún, las imágenes son testigos que aquí creció como persona y profesionalmente también.

“Son 20 años de mucha entrega y sacrificio”, asegura, “en especial de ese equipo fundacional pues todos éramos casi recién graduados. Los que veníamos de carreras como Historia o Historia del Arte, teníamos un conocimiento muy básico del desarrollo urbanístico y arquitectónico de Santiago de Cuba, pero entrar a esta institución nos ha hecho ampliar nuestros conocimientos sobre esta urbe”.

En dos décadas, la OCC atravesó momentos realmente duros, como los primeros años donde el llamado Período Especial transversalizaba la sociedad misma “pero Omar siempre nos dijo «hay que seguir porque tenemos que demostrar que somos necesarios y que tenemos potencial»”.

“Fue así, en medio de la nada y de un momento difícil que atravesaba el país, que empezamos a investigar todo lo relacionado con el Mausoleo a José Martí”, explica Morales y añade que “y fue así que salió esa obra importante de restauración del sitio de descanso del Héroe Nacional. Fue una manera de enriquecernos espiritual y profesionalmente, también de demostrar lo que podía hacer la naciente institución. Ese fue el punto de partida para investigaciones posteriores en el Cementerio Patrimonial Santa Ifigenia. Todo esto comenzó en la Oficina Técnica de Monumento y luego se continuó en la OCC”.

“Éramos una gran familia ese grupo de fundadores de la OCC” sentencia Aida Morales y recuerda que al inicio “la sede la de Oficina estaba en condiciones deplorables, donde trabajábamos dentro de él y lo restaurábamos al mismo tiempo. En la mañana trabajábamos en los proyectos y en la tarde recogíamos escombros, limpiábamos, hacíamos fiestas, actividades… éramos una gran familia ese grupo que fundamos la OCC, fueron años iniciales muy bonitos”.

Al construir la memoria, evocar el recuerdo, se reviven los motivos por los cuales surgen ideas, proyectos, iniciativas, instituciones… cuando se hace colectivamente, surge la magia.

A 20 años de creada la Oficina del Conservador de la Ciudad, quizás sus fundadores pierdan la exactitud de los detalles, pero las razones por las cuáles nació el lugar, esas nunca se extravían. Al contrario, hoy reverdecen las ganas de hacer, dan nuevas emociones y metas, y ratifican algo que no todos saben, que “20 años, CON AMOR Y ENTREGA, nunca será nada”, al contrario, siempre será bastante.

Escuche las palabras de Omar López, director de la Oficina del Conservador, quien hace un amplio resumen de los antecedentes de la institución que dirige y sobre el quehacer en estos 20 años.

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