Fue la arqueología la especialidad que llevó a Edgar Brielo Maranillo Sierra a tomar en sus manos una cámara fotográfica. Desde entonces, unió ambas pasiones para convertirse en un artista que busca, afanosamente con su lente, esos detalles que hacen únicos los paisajes rurales del oriente de Cuba y sus construcciones típicas y autóctonas. Es un viaje, que hasta ahora, le ha dado muchos momentos dulces.

Mucho tiempo ha pasado de sus primeras obturaciones, de aquellas lecturas interminables donde descubría la magia de las aperturas y las velocidades, y del consumo irracional de imágenes de todo tipo. Él ya tiene su sello: la fotografía de arquitectura vernácula.

Desde el 2012, Edgar Brielo Maranillo Sierra ha participado en las Jornadas Técnicas Científicas de Arquitectura Vernácula. En el evento se realizan dos concursos: uno de literatura y otro de fotografía. En el año 2012 obtuvo una primera mención. En 2013, 2014 y 2015, obtuvo el Gran Premio, y este 2017, en la edición 14, logró Premio. Desde el 2015 es miembro de la Cátedra Gonzalo de Cárdenas de Arquitectura Vernácula.

Edgar Brielo Maranillo Sierra con el Premio de Fotografía Vernácula 2017. Foto cortesía del entrevistado.

Especificidades de la fotografía de la arquitectura vernácula dentro de la fotografía de arquitectura.

Comencé en esta modalidad en Baracoa, una ciudad que me ofreció los mejores paisajes y escenas cotidianas posibles.

Las fotografías que he realizado de arquitectura vernácula siempre han sido fuera del ambiente urbano, en contextos rurales. Justamente al ser imágenes de ese tipo, me centro en captar los materiales con que se fabrican las edificaciones, que no sean industriales como el cemento, sino que sean autóctonos o propios del lugar, que formen parte de una tradición y una cultura.

Fotografía de arquitectura vernácula. Foto Edgar Brielo Maranillo Sierra.

Por ejemplo, si es un bohío, trato de reflejar las tablas de palma y el guano, que son las materias primas con que habitualmente se hace este tipo de vivienda.

Pero la fotografía de arquitectura vernácula va más allá pues no solo se trata de reflejar. Siguiendo el mismo ejemplo anterior, el bohío, también se pueden captar las personas que viven en esas viviendas y en las comunidades.

En las zonas rurales del oriente de Cuba es habitual ver a las personas procesando el café a la usanza de siglos anteriores. Una escena de una mujer, con un pilón rústico, es también una forma de captar “lo vernáculo”. Eso me motiva, me gusta mucho y trato de captarlo en mi obra, aquellas aristas autóctonas y extraordinarias.

Requisitos y diferencias entre la fotografía de arquitectura vernácula y otros géneros.

Conocimiento y estudio, es lo primero que debe hacerse.

Tengo una formación como arqueólogo, y aunque claro que sabía que es lo vernáculo en las construcciones, no soy arquitecto. Entonces lo primero para dedicarse a este tipo de fotografía es estudiar y profundizar en los conocimientos, y en específico en lo que es la arquitectura vernácula en Cuba.

Ruinas del Cafetal Santa Paulina, una de las haciendas Patrimonio de la Humanidad. Foto Edgar Brielo Maranillo Sierra.

Una de las fuentes más importantes de estudio y superación son las propias conferencias que se realizan en las Jornadas Técnicas Científicas de Arquitectura Vernácula.

¿Géneros fotográficos preferidos?

Sin dudas está la fotografía de paisaje, tanto de los parajes naturales y rurales como de los espacios urbanos, también disfruto mucho el retrato. Y claro, me gusta mucho captar lo vernáculo, que sigo haciendo en cada oportunidad que tengo.

Ex Convento de Santiago Tecali, en el Estado de Puebla, en México. Foto tomada el 18‎ de ‎febrero‎ de ‎2016. Autor Edgar Brielo Maranillo Sierra.

Tampoco puedo olvidar la fotografía de desnudos, una variante a la que no he dedicado mucho tiempo, aunque me atraen las posibilidades expresivas que tiene. Me gusta explorar el cuerpo, la intimidad y el erotismo, en especial de la mujer.

Pertenecer al Departamento de Arqueología de la Oficina del Conservador de la Ciudad de Santiago de Cuba, me ha llevado a hacer trabajos en varios lugares fuera de la urbe, y esto, a su vez, me ha posibilitado conocer paisajes increíbles que he podido fotografiar.

En sitios como Ramón de Las Yaguas, donde está el Circuito Dos Fraternidad, cuya puesta en valor forma parte del proyecto internacional Los Caminos del Café –financiado por la Unión Europea, la fundación Malongo y la Oficina del Conservador de la Ciudad de Santiago de Cuba–, pude tomar excelentes imágenes del territorio oriental de Cuba, en especial toda la meseta de Santa María del Loreto.

Con el retrato, siempre que he trabajado en un lugar, trato de buscar los personajes típicos de cada localidad, que no necesariamente deben ser la que más se destaquen, todo lo contrario.

En el retrato me gusta captar la personalidad y el carácter de la gente, pero esa puede ser la que interpreto yo, otros pueden ver rasgos diferentes. Eso tiene de lindo ese género.

Del paisaje urbano, aunque no lo trabajo tanto como otros, me gusta mucho vincular la arquitectura con las personas. Disfruto explotar ese lazo.

¿Escenarios preferidos?

El paisaje rural, porque me permite vincular el retrato con la fotografía de la arquitectura vernácula.

Además, siempre hay lugares nuevos, inexplorados o poco visitadosen la zona rural, hay locaciones inaccesibles para algunas personas y que, sin embargo, con mi lente puedo llegar hasta esos parajes y mostrarlos después a todo el mundo.

El trabajo con la comunidad como parte del proyecto “Los Caminos del Café”. Foto Edgar Brielo Maranillo.

La fotografía de lugares así, de difícil acceso, permite también crear un registro tanto de lo físico, del sitio, como de la memoria histórica, de la evolución y la transformación. Ese es uno de los valores que me agrada trabajar cuando llego, por ejemplo, a un paraje como los antiguos cafetales franceses.

Aspiraciones…

Caminar por todos los lugares inexplorados de Cuba con mi cámara en mano, y buscar lo autóctono de cada sitio. Eso lo haría con mucha dedicación.

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