De sus años de estudiante en la universidad, el santiaguero Orestes Rosales Rodríguez recuerda el deseo juvenil de llevar adelante el proyecto TERAFIS y también las gestiones infructuosas y erráticas por concretar un sueño. Hoy mira el pasado y sonríe con orgullo. ¡No fue fácil!, lo sabe, pero es un exitoso emprendedor privado en la Cuba actual, y eso dice mucho.

Por las manos de su personal, diestras en el arte y los misterios de los masajes, han pasado desde personalidades religiosas, culturales hasta de la farándula.

Foto Cibercuba

Ni su privilegiada ubicación en el Centro Histórico de la ciudad de Santiago de Cuba, en la calle Heredia número 362 entre Reloj y Calvario, tampoco el ambiente agradable del sitio inspirado en la cultura asiática, o la amplísima gama de servicios que ofrecen, nada de eso le aseguran a TERAFIS SPA la aceptación y la clientela.

El detalle está en la calidad, y sobre todo, en la profesionalidad y exquisita selección de su personal, un detalle que aprendió Orestes a lo largo de los últimos años, al prometer, en su salón, “atención integral al cuerpo, la mente y el espíritu”. Eso, y también muchísima fuerza de voluntad.

“TERAFIS surge de la idea de tratar las enfermedades crónicas no transmisibles con ejercicio físico y masajes, de ahí TERA (terapia) y FIS (física). El proyecto de investigación se presentó cuando era estudiante de la Universidad de las Ciencias de la Cultura Física y el Deporte “Manuel Fajardo”. Inicialmente fue una página web que obtuvo varios premios. Al graduarme, entré a la Universidad de las Ciencias Médicas como profesor. En ese momento seguía presentando el proyecto, pero en forma de multimedia, la que también obtuvo reconocimientos”, asegura.

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“Se hacía necesario llevar todos esos conocimientos teóricos a la práctica”, sentencia Orestes y explica que “empecé a presentar el proyecto como una estrategia de formación de una cultura física y profiláctica para Santiago de Cuba. Logró registrarse a nivel nacional como un proyecto de investigación y desarrollo, pero toda esta teoría no se materializaba porque no se asignaba un presupuesto”.

Fue justo en ese instante cuando decidió tomar el toro por los cuernos y fabricar él mismo su propia suerte, aunque en todo momento fue intención que su iniciativa fuese financiada con presupuesto estatal. Entonces Siboney, el principal balneario de Santiago de Cuba, fue el sitio escogido para iniciar este recorrido que hoy lo llevó a tener uno de los pocos SPA privado de la ciudad.

Agosto de 2009 y Orestes aún era profesor de la universidad. En casa una carpeta enorme con diplomas y reconocimientos, y también los deseos insatisfechos de un financiamiento estatal. «Armado» con su copia del libro “Padre Rico, Padre Pobre”, de Robert Kiyosaki y Sharon Lechter, una colchoneta, que era la cama de su hija, y una sombrilla, decidió establecerse en esa playa, con más ganas de hacer y buenas intenciones, que billetes en el bolsillo, “tenía patente para realizar esa actividad, pero no había dinero, estaba tocando fondo. Pedí 50 CUC prestados. Imprimí un cartel bien grande, de dos metros de altura, donde se explicaba qué era el proyecto TERAFIS y los masajes que ofertábamos”, confiesa.

“La gente se echaba a reír cuando preguntaban por TERAFIS y descubrían que era una colchoneta donde se acostaban y nosotros le ofrecíamos los masajes. Nuestro primer servicio fue lumbar, costó 50 centavos y se le realizó a un italiano llamado Franchesco. Poco a poco fuimos creciendo, la demanda nos obligaba a hacer inversiones. Contratamos especialistas y profesores de la Escuela de Medicina, y otras instituciones, que quedaron disponibles cuando se hizo la reducción de plantillas”.

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El anhelado financiamiento llegó de la manera más inesperada. Una misión en Venezuela fue la solución, tal y como suele suceder en los últimos años en Cuba para los emprendedores privados, “el primer año trajimos tres camas profesionales, cremas, aceites, una carpa, uniformes…, en ese tiempo seguíamos en la playa, pero los clientes empezaron a demandar algo similar en la ciudad. Tomamos todo el dinero, una colega y yo, y lo invertimos en una casa que es la actual sede del TERAFIS SPA”.

Al inicio era solo una camilla para dar masajes en un lugar agradable. En ese momento no se pensaba en el concepto actual de un SPA. Pero fue creciendo poco a poco, los mismos clientes pedían servicios y tratamientos faciales, podálicos… eso trajo como consecuencias que Orestes, junto a su equipo, debieron invertir en equipamiento, hasta convertirse –aunque suene increíble–, en el lugar de Santiago de Cuba con la mejor tecnología relacionada con la belleza y tratamiento de la piel. Eso confiesan ellos con orgullo.

“Rediseñamos el proyecto TERAFIS en el año 2015 para transformarlo en TERAFIS SPA. Entramos en los servicios de estética, masajes y medicina natural y tradicional china. Ya teníamos, en ese momento, el local en Siboney y este en el Centro Histórico. En 2016 abrimos un mini SPA en el centro turístico Finca El Porvenir. Actualmente integran el equipo 14 especialistas que rotan por los tres sitios”.

Desde el inicio, el proyecto TERAFIS siempre defendió el concepto de crear cultura más que buscar dinero. Explica Orestes que ellos “acogen a los especialistas, pero estos tienen una formación muy básica, porque en Cuba no existe una escuela de masajes. Aquí les enseñamos las diferentes escuelas y técnicas internacionales que aprendimos durante la misión en Venezuela. Tuvimos la necesidad de organizarnos como cooperativa no agropecuaria porque el masaje es una actividad muy profesional, que debe hacerse con mucho rigor tanto científico como ético-profesional, por eso tuvimos que inscribir el proyecto e institucionalizarlo, para ganar en credibilidad y prestigio. Una persona llega hoy a la ONAT y puede sacar cualquier patente porque ellos no exigen ningún título. También ganamos en legalidad en todas las actividades. Aquí los miembros del equipo tienen, por ejemplo, un contrato legal. Fue la manera de hacer esta actividad lo más profesional posible en Cuba, en Santiago, con respeto y calidad hacia el cliente”.

TERAFIS SPA, no obstante, no escapa de la realidad de cualquier institución de su tipo que abogue por la calidad tanto de sus servicios como de sus productos. Hacer malabares con los productos y equipos que importan, es uno de esos obstáculos, aunque confiesan haber logrado estabilidad. “El concepto de «SPA» se desconoce en el país, a cualquier cosa, por ejemplo, a un salón de belleza, le agregan ese término. Estos, en realidad, existen para una élite. Aun así, nosotros hemos popularizado ese concepto pues nuestros servicios pueden ser disfrutados por todos, ese es uno de nuestros aportes más importantes. Las personas pasan por delante y dicen «eso debe ser caro», y no saben que los nacionales tienen aquí un 25 por ciento de descuento. ¿Dónde está el truco? No en el masaje, sino en los productos que se emplean. No es lo mismo aplicarse una mascarilla facial con polvo de oro que cuesta 15 CUC, que usar una natural. El cliente elije el servicio dependiendo de su posibilidad. Aquí hay masajes desde 2 CUC hasta 20 CUC, por ejemplo”.

Uno de los aportes más interesantes de TERAFIS SPA, ante la ausencia de una escuela cubana de masajes, es el «Siboney VIP», “que combina el Tuina, el shiatsu, el ayuverda y el tailandés, necesitábamos uno que lograra la satisfacción de los clientes, que cada día eran más exigentes y conocedores, y este tiene los mejores aromas, cremas, aromas y demás productos. Es el más caro, cuesta 20 CUC, también el más largo, una hora y media”.

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Los servicios profesionales de TERAFIS SPA incluyen los masajes corporales (locales, regionales y generales), masajes estéticos (facial, reductivos), masajes terapéuticos (cervicales, lumbares, articulares, podológicos, drenaje linfático), masajes relajantes (sensitivo, anti-stres) y masajes internacionales (lomi lomi hawaiano, sueco, ayurvédico, tailandés, tuina, shiatsu, tantra a 4 manos), deportivo, y holístico (Siboney VIP, el gestáltico, energético y sensitivo, y técnicas naturistas para la relajación del cuerpo, la mente y la armonía espiritual), además emplean equipos de agente físico como ultrasonido (antinflamatorio), electroterapia (para alivio de dolor), calor infrarrojo (para buscar vaso dilatación en las articulaciones), y otras técnicas como la ventosa, la acupuntura, digitopresión o digitopuntura.

“En cuanto a los tratamientos faciales, pretendemos ser un centro de tecnología de punta; aunque ya tenemos mucha de la tecnología que se emplea en el mundo, como la microdermoabrasion con puntas de diamante, además de los productos y la preparación del personal. Los tratamientos faciales van desde 3 CUC a 10 CUC”, asegura Orestes.

Orestes Rosales Rodríguez. Foto Cibercuba

Por las manos de Orestes Rosales Rodríguez han pasado numerosas generaciones de santiagueros que hoy prestigian el arte milenario de dar bienestar a través del masaje. Sin saberlo, él quizás ha convertido a Santiago de Cuba en una importante plaza del uso de esas técnicas y precursor del empleo de algunas tendencias internacionales en el país. Sus aportes, sin dudas, trascienden los cotidianos barrotes de oro del sector privado.

¿Un mecenas altruista y desinteresado? Imposible serlo cuando se trata de tener un negocio privado en Cuba. Más aún cuando la calidad de los productos y los servicios, y el uso de tecnologías de punta, son algunas de las máximas.

Aunque su proyecto –desde el inicio– tuvo la atractiva nobleza de la ingenuidad, la cruda realidad le llevó a buscar un modelo de negocio sustentable, que solo se logra con calidad y precios muy lejos, eso sí, del salario del cubano de a pie. Hecho que, sin embargo, no le ha impedido promover cultura, como bien dice su slogan: “Salud, placer y armonía”.

Tomado de Cibercuba

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