Una exposición con discos de vinilo del insigne músico cubano Miguel Matamoros llama la atención hoy en la Casa Dranguet, de Santiago de Cuba, donde por primera vez se muestran esos tesoros originales en un soporte venido a menos.

Fuentes de esa institución, Centro de Interpretación y Divulgación del Patrimonio Cultural Cafetalero, resaltaron el interés despertado entre los jóvenes, quienes admiran las grandes portadas con diseños notables y el sonido característico de esos fonogramas rebasados por el tiempo y las tecnologías.

Indicaron que la colección ha sido también llamativa para personas de mayor edad, al revivir piezas musicales que integraron las bandas sonoras de sus vidas en los mismos tocadiscos de antaño, conservados como objetos museables.

Pertenecientes a un fondo privado del director de la Oficina del Conservador de la Ciudad, arquitecto Omar López, los discos incluyen al primero que salió al mercado mundial, en especial al estadounidense, el último larga duración del más famoso de los tríos cubanos, compilaciones y conjuntos de versiones.

Más allá de esos objetos, la muestra trasciende por sus informaciones acerca de la trayectoria artística y de vida de Matamoros, su extensa lista de composiciones musicales, los variados formatos que adoptó y pasajes existenciales que van desde los oficios que practicó hasta la gloria que como artista paseó por el mundo.

Inaugurada en ocasión de la recientemente concluida edición 55 del Festival de la Trova Pepe Sánchez, ‘Matamoros en vinilo’ podrá apreciarse hasta el próximo día 12 y es la segunda de este tipo que exhibe la Casa Dranguet, tras ‘La trova en vinilo’, del 2016.

Acompañado por Siro Rodríguez y Rafael Cueto, Matamoros inmortalizó frases como ‘Cada vez que me acuerdo del ciclón, se me parte el corazón…’ o ‘Suelta las muletas y el bastón y podrás bailar el son…’ que traspasaron las fronteras de Cuba y contagiaron con sus cadencias a otros bailadores.

Quizás la más sonada de esas combinaciones sea, con tremenda vigencia hasta hoy, la de aquella que pregunta De dónde son los cantantes para obtener por respuesta que son de la loma y cantan en el llano.

Considerado cronista de su época, Matamoros reflejó en sus composiciones realidades del país que le tocó vivir y paseó por el mundo la más tradicional música criolla, con sus raíces asentadas en los lomeríos orientales y en las calles de esta ciudad.

Precisamente, en el Callejón del Carmen, en el corazón de la urbe, una estatua le permite seguir acompañando guitarra en mano y con el caballeroso gesto de quitarse el sombrero, a cuantos santiagueros y visitantes pasan por ese emblemático rincón del centro histórico.

 Escrito por Martha Cabrales Arias y publicado en Prensa Latina
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