A través de un sui generis proyecto, una familia santiaguera promueve la historia y cultura del café cubano. En la Fondita de Compay Ramón, el turismo internacional no solo conoce cómo se tuesta, pila y cuela el néctar negro en su forma tradicional, también participa de una experiencia única, profunda y sentimental.

Muchos dejaron constancia de su visita. Y no solo elogiaron el lugar, la comida, el carisma de Compay Ramón. Saborearon un buen café y se sintieron en familia. Así lo evidencian las sonrisas y atentas miradas de quienes por vez primera vieron cómo se tuesta, pila y cuela el néctar negro tradicionalmente, en Cuba.

El Compay ofrece cultura autóctona de los campos de la región oriental del país, historia e idiosincrasia. La ceremonia del café está a punto de empezar.

“Me visto tal y como recuerdo a mi abuelo. Y así he preparado este local. Parece que estoy en la antigua casa Labrada, allá en el campo.

La pared era muy funcional. Estaba la radio, las cestas para recoger el café, periódicos, banderas, linternas, coladores, el jarrito para tomar el café, y un sin número de objetos útiles vinculados con el aromático grano”, señaló emocionado el creador de esta iniciativa.

Hace cinco años Ramón Labrada y su familia emprende esta propuesta. Lo que en sus inicios fue una peña para compartir con los amigos, devino en proyecto que rescata el patrimonio como proceso vivo. Allí cada detalle tiene un mensaje. Se respeta y se quiere lo que se hace.

Prima el sentimiento por el taburete centenario, el pilón utilizado por cuatro generaciones Labrada y hasta por el pilonazo de las tres de la tarde.

“Justo a esta hora realizo la ceremonia de tostar, pilar y colar el café, e invito a los presentes a que participen de ese mágico momento, porque queda muy familiar. Todos comparten, se sirven en vasitos hechos de latas y creo que es muy emotivo”, enfatizó Labrada, administrador además, de este negocio familiar.

La Fondita de Compay Ramón tiene contrato con las Agencias Turísticas Havanatur, San Cristóbal, Cubatur y Paradiso. Su experiencia avala el trabajo con el mercado europeo, asiático, norteamericano y en menor medida, el latino. La nueva forma de gestión económica tiene la familia y el café como eje.

“Para hacer este trabajo me documenté muchísimo. No sólo de la experiencia familiar, sino que además participo y estoy vinculado a instituciones culturales como la Oficina del Conservador de la Ciudad y la Casa Dranguet”, señaló.

“El café además de ser un producto  económico, social y cultural, tiene un sentimiento arraigado entre los cubanos. Y ese fue uno de mis motivos para dar a conocer el patrimonio de mi tierra”.

Escrito por Kenia Tabares Robles y publicado en Tv Santiago

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