La edición 55 del Festival de la Trova Pepe Sánchez finalizó este domingo en esta ciudad, tras el homenaje en el cementerio de Santa Ifigenia a cantores fallecidos y en particular al que lo nombra.
Esta fecha fue instituida nacionalmente como Día del Trovador en ocasión del nacimiento en 1856 del sastre que compuso Tristezas, considerado el primer bolero y obra renovadora de la composición musical de la época.

Una gran trovada en la calle Heredia, arteria cultural por excelencia de la urbe, fue el preámbulo anoche de la despedida del encuentro, el más antiguo de la música en Cuba y punto de convergencia de las más antiguas y novedosas tendencias en ese género.

Desde el inicio de la cita, el 15 último, el centro histórico de la ciudad con el vórtice en la Casa de la Trova, ha sido escenario de presentaciones de grupos y solistas de distintos puntos de la geografía cubana, donde también florece, con sus características y matices, esa vertiente sonora.

Con la presencia de Eliades Ochoa, Pedro Luis Ferrer, Eduardo Sosa, Pepe Ordaz, el Septeto Santiaguero, la Familia Valera-Miranda, Pancho Amat, José Aquiles, Annie Garcés y Vionaika Martínez, entre otros muchos connotados intérpretes y compositores, se animaron las jornadas del jubileo.

El festival fue también ocasión propicia para que dieran a conocer sus más recientes producciones, mediante la disquera Egrem, los septetos de la Trova y Ecos del Tivolí; Ochoa y el cuarteto Patria junto al dúo Melodías cubanas, y la agrupación Los Jubilados.

El encuentro teórico, encabezado por el musicólogo Lino Betancourt, abordó la vida y la trayectoria artística de Sindo Garay, a cuyos 150 años fue consagrada la actividad, así como otras aristas del quehacer trovadoresco, incluida la impronta del conflicto Cuba-Estados Unidos en esas composiciones.

Esas sesiones desempolvaron certezas y aportaron primicias acerca de una modalidad de larga data que perdura ante el empuje de la modernidad y continúa acompañando el amor y el desamor, la tristeza y la alegría, en fin, los sentimientos humanos.

Escrito por Martha cabrales y publicado en Prensa Latina
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