De cualquier manera, el 24 de febrero 1862 surge la Sociedad de Tumba Francesa, con el nombre de Lafayette en honor al general francés. Esta no fue, sin embargo, la única asociación creada por estos años. Otras agrupaciones de esclavos también se habían sumado como las de los Vennet y Danger, un apellido que sobrevivirá como tradición permanente en las sucesivas generaciones.

“Tumba” es una voz conga que significa «jolgorio o fiesta» en términos de lengua bantú. Existe el término “Tambú” del francés Tambeur. En Cuba se entiende por “Tumba” la unión de tambores, bailes y cantos, dándole el matiz refinado de los negros franceses. La Tumba resultó a la larga, una gran mixtura cultural de base en las tradiciones haitianas, el folclor urbano que había tomado elementos de las viejas costumbres francesas, y la asimilación del acento rítmico proveniente de instrumentos africanos.

Entre estos instrumentos se hallan tres tambores grandes: El Premier que es un tambor de sonido grave encargado de protagonizar la controversia con el bailador; el Second que resulta una especie de tambor complementario de la orquesta, por ello es más pequeño mientras que su sonido es más agudo que el del Bulá y éste último, también de menor tamaño que el Premier, de sonido agudo y que mantiene el patrón rítmico de la tumba. Asimismo, se encuentra el inconfundible Catá, que es un tambor hecho todo de madera, un tronco ahuecado sobre cuya superficie cilíndrica se toca con dos palitos. El sonido del Catá, que es muy penetrante, constituye una especie de llamada a despertar. A estos tambores se agregan los cha chá o maracas metálicas, adornadas con cintas policromas y tocadas por manos femeninas.

Por su lado los cánticos son también una canción de nostalgia de los esclavos franceses procedentes de Haití, tomados por los negros y mulatos santiagueros, y enriquecidos por la tradición oral. En definitiva, toques, cantos y danza, fueron permeando elementos de la musicalidad popular cubana, y su variabilidad percusiva está presente en las estructuras del son y las comparsas actuales.

Pero volviendo a los orígenes de la Tumba hay que destacar que al principio los franceses se admiraron de que «sus negros» imitaran la pompa de los bailes de la corte de Versalles y poco a poco fueron «ayudándolos» con trajes elegantes, chales finos, pañuelos de seda, batones de hilo y encajes, collares y aretes. El lenguaje utilizado era el francés haitiano (patois o créole). Luego, en libertad, todo ese sustrato empezó a formar parte del universo de la Tumba, con una distinción especial.

¿Imitación, parodia o adaptación? Podríamos preguntarnos y profundizar todavía más en la polémica que existe en torno al tema, aunque por el momento nos acogemos a la variante de adaptación que es la más aceptada por investigadores y descendientes. Para 1905 la Tumba Francesa abandona su nombre original de Lafayette para adoptar el de Sociedad de Tumba Francesa La Caridad de Oriente.

La Tumba Francesa se distingue de otros bailes africanos no solo por el vestuario que exhiben sus integrantes, sino además por sus bailes, esencialmente aquellos que son llamados de salón en los cuales la mujer y el hombre se mueven con facilidad, suave, como si estuvieran dormidos. Estos descendientes de esclavos africanos o afrohaitianos que se convertían en libres, fueron formando cabildos o asociaciones de ayuda mutua, y lograron una cierta autonomía de los colonialistas españoles. Mientras que en los bailes al aire libre, en las plazas, por ejemplo, las Tumbas suelen bailar su minué. Una muestra de la fusión de dos culturas emblemáticas.

En el 2000, recibieron el Premio Nacional de Cultura Comunitaria y en 2003, la UNESCO la declaró Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad, tras el expediente presentado por el Centro Nacional de Patrimonio. Es sin dudas la huella infinita de la presencia francohaitina en Cuba.

Escrito por Alexis Castañeda Borys y publicado en su perfil personal de Facebook

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