Los integrantes de la Tumba Francesa La Caridad de Oriente, Patrimonio de la Humanidad, reconocieron hoy la notable afluencia de turistas extranjeros a sus presentaciones y abogaron por una mayor visibilidad entre los cubanos.

La joven promotora cultural Kelly Figueroa, en representación de esa agrupación próxima a cumplir 155 años, expresó que es constante la afluencia de visitantes foráneos a la sede en el centro histórico urbano, donde ofrecen los llamativos ritmos y colores de sus evoluciones.

Figueroa, descendiente de una familia originaria de esa tradición, consideró que para quienes llegan desde otras latitudes resultan atractivos los cantos y bailes de la Tumba, lo cual tendría para los nacionales un sentido mayor por tratarse de un componente esencial de la identidad y la cultura del país.

En relación con el homenaje por el cumpleaños anunció que el día del surgimiento en 1862, el jueves próximo, habrá una gala artística en la emblemática Plaza de Marte, como reverencia de la ciudad a una expresión entrañable de su cultura.

Una de las actividades tuvo lugar en la Casa Dranguet, Centro de Interpretación y Divulgación del Patrimonio Cultural Cafetalero, mediante la peña Escalinata, de la Asociación de Jóvenes Artistas Hermanos Saíz, y la presentación de sus músicos y bailarines, entre los cuales se mezclan ocho generaciones.

En ese ámbito tan propicio, porque el surgimiento de la agrupación tuvo que ver, precisamente, con el arribo al sur-oriente cubano de colonos franceses cultivadores de café con sus respectivas dotaciones de esclavos, sus integrantes evocaron pormenores de esa trayectoria secular.

Otra de las novedades por la fecha será el audiovisual que prepara la productora Lía Videos, con un notable despliegue tecnológico y como escenario principal el céntrico parque Céspedes, corazón de la ciudad, donde podrán apreciarse el colorido y las vistosas evoluciones del conjunto.

Para resguardar tan valioso patrimonio, exponente genuino de la cultura popular tradicional, se han introducido cambios que favorecen su renovación y permanencia como son la incorporación de mujeres al toque de los tambores, antes privativo de los hombres, y la inclusión más amplia de personas interesadas.

El origen de esas sociedades se remonta al siglo XVIII, cuando en las plantaciones cafetaleras los amos franceses permitían momentos de esparcimiento a los esclavos, quienes imitaban en sus bailes la refinada gestualidad de la corte versallesca sin renunciar a los tambores africanos.

Escrito por Martha Cabrales y publicado en Prensa Latina

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