Con un arraigo familiar en ocho generaciones y casi 155 años de antigüedad, la Sociedad Tumba Francesa “La Caridad de Oriente”, declarada el 7 de noviembre de 2003 por la UNESCO como obra maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad, demuestra hoy la vitalidad de una expresión popular que tiene sus raíces en los emigrados franceses y haitianos llegados a Cuba a finales del siglo XVIII y durante el XIX.

Fundada el 24 de febrero de 1862, la Tumba Francesa “La Caridad de Oriente” agrupa expresiones músico-danzarias desarrolladas en las zonas cafetaleras de Santiago de Cuba y es una tradición que ha conservado sus rasgos originales hasta el presente.

Andrea Quiala Venet, presidenta actual de la Tumba Francesa “La Caridad de Oriente”, durante la peña “Escalinata” que tuvo por sede el patio de la Casa Dranguet, compartió algunos secretos de la vigencia de esa sociedad, entre ellas, “que antes solo podían pertenecer personas descendientes de esclavos, y por el peligro de desaparecer la sociedad, es que se abrieron las puertas y en la actualidad cualquiera puede integrarla… se necesita deseo para bailar, se necesita sentirlo en el corazón, sino no se puede pertenecer a la Tumba Francesa”.

“Antes los jóvenes, aun siendo descendientes de esclavos y llevando en sus nombres esos apellidos, no podían pertenecer a la Tumba Francesa, fue mi abuela quien poco a poco fue introduciendo a los jóvenes, para que llegara a ser lo que es hoy, ella contribuyó a la vigencia y permanencia”, aseguró la actual presidenta.

La Tumba Francesa “La Caridad de Oriente”, que este 2017 cumple sus 155 años de fundada, realizará una gira por los municipios de la provincia de Santiago de Cuba, donde compartirá escenario con otras agrupaciones portadoras de tradiciones a la vez que mostrará su herencia cultural traducida en vestuarios, toques y bailes únicos.

El periplo también llevará a sus miembros hasta las provincias de Guantánamo y Holguín, donde se encuentran las Tumba Francesa de Santa Catalina de Ricci o Pompadour, y de Bejuco, respectivamente.

Igual que sus similares, los portadores de la Tumba Francesa “La Caridad de oriente” mantienen y fomentan el respeto a las generaciones que los anteceden, el sentido de pertenencia y la continuidad de la tradición, sus miembros se incorporan a la sociedad cuando aún son adolescentes y niños de la comunidad o descendientes. Aunque antes solo los hombres tocaban los tambores, actualmente tanto ellos como mujeres bailan, cantan y pueden tocar los tambores.

Considerada la expresión músico-danzaría más antigua e importante de la cultura cubana, investigaciones sitúan sus orígenes en las haciendas de los franceses Antonio Venet y Santiago Danger, situadas en las alturas del poblado de El Caney, tuvo sus raíces la Tumba Francesa Lafayette, nombrada inicialmente así en honor al general abolicionista. Se dice que a ella se integraron patriotas que lucharon contra el yugo español, entre ellos Antonio Maceo, Quintín Banderas y Guillermón Moncada.

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