Con un arte especial, Rafael Sánchez Ruiz aplica café a sus pinturas y consigue crear con esa combinación piezas de colores únicos. Hijo de padres artesanos, desde muy niño aplicó este método y ya lo ha vuelto su estilo, semi barroco, visible en sus cuadros pero también en sus piezas de cerámica.

“Siempre me gustó tomar café e invariablemente mi madre acostumbraba a colar antes de acostarnos, de ahí que una noche, siendo niño, mojé mis dedos en un residuo que quedaba en una tasa, sobre una pequeña cartulina, y al notar que a la mañana siguiente permanecía indeleble, comencé a experimentar y crear obras, algunas de las cuales aún conservo”, le cuenta a OnCuba.

La colección de Ruiz muestra una amplia gama de pinturas, cerámicas y grabados sobre cartulina y tela Dekell, que resalta por su exclusividad, con marcos creados por el propio artista a partir de mezclar masa de pan sobre madera patinada con café; algo que además dota a las obras de un peculiar aroma.

Collage de obras. Foto: Osniel Pérez
Collage de obras. Foto: Osniel Pérez

Rafael agradece siempre la ayuda que le brindó la conocida conductora de televisión Rosalía Arnáez y la ya fallecida cantante Merceditas Valdés, auspiciadora de un taller que la honra al denominarse CEMADEARTE ACHE, ubicado en la calle Máximo Gómez, de Guanabacoa. Desde allí también proyecto su arte a la comunidad, en especial a los niños:

“Este tipo de pintura es un poco compleja, no es igual a pintar con óleo, acuarela o tempera, porque lo hago con un paño, pinceles y un recipiente con agua, y saco los claroscuros del mismo color de la tela. Cuando estoy pintando el rasgo de un rostro, necesito estar concentrado y no puedo detenerme ni para tomar agua, ya que se me echa a perder la obra.

“He aplicado algunos experimentos para que el café no se contamine, coja moho o se eche a perder. En Cuba hay tres personas haciendo cosas con café y otras se han comunicado por Internet conmigo para que les diga el quid, pero mi know how, está registrado en el CENDA y en el Registro de la Propiedad Industrial. Lo único que puedo informar es que todo está hecho a partir de plantas naturales.

“Aparte de la cerámica y la pintura, me gusta mucho el trabajo comunitario, es como una misión de enseñar a los niños. Es una manera de crecer y de sentirme útil. Y a veces es más el tiempo que le dedico a ellos que a mi pintura.

“A uno metros de donde vivo está mi taller, un local que me entregó el gobierno municipal atendiendo a la labor que desempeñaba en función de la comunidad. Fue sede de la capitanía española pedanea, institución que cuidaba el padre de Martí, por lo que lo visitaba a menudo.”

El pintor del café acumula numerosas exposiciones nacionales y en el extranjero, además de que muchas de sus obras se conservan en galerías particulares y muestras permanentes en Portugal, Francia, Italia, Nueva York, México y República Dominicana.

Con varios premios y reconocimientos en su haber, en el 2009 la alcaldía de Suzzara, provincia de Mantova, Italia, le otorgó el escudo emblemático de la ciudad, máximo galardón que se le confiere a las personalidades que los visitan.

Hoy su obra puede apreciarse en su galería personal del Museo de la Revolución y en otra que reabrirá sus puertas en la calle O’Reilly, en la Habana Vieja. Hacedor incansable, todavía piensa que le quedan esfuerzos por hacer: “Me siento satisfecho con lo logrado, pero sigo luchando para salir adelante como artista, como persona, y continuar mi trabajo comunitario con los niños, con los abuelos y que Dios me de mucha salud para poder seguir realizando mi obra”.

Editado por J. Loo Vázquez y publicado originalmente por Miriam Zito en OnCuba

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