Dicen los ya adictos que no hay nada más placentero que degustar un trago de café caliente y puro. Algunos, bien en el extremo, prefieren que le falte un día el plato de comida y no el líquido que sale del procesamiento del fruto de los cafetos.

Allá en las lomas de la guantanamera Sierra del Purial, sus habitantes son eternos amantes del café, no de ese medio “achicharado” que llega a la bodega, sino del más puro, del más directo, del propio que ellos cultivan y cosechan como sostén económico fundamental en tiempo de zafra.

En los campos se pierde la finura, y de las bolsas industriales que traen el polvo procesado del cerezo y la tradicional cafetera o las modernas máquinas para procesarlo, otras artimañas rústicas se apropian de la rutina de preparación.

Es ahí donde luego de la recogida en las plantaciones y el paso por el secadero, calderos y fogones se encargan del tueste, los pilones reducen la frutilla quemada a polvo, y dos jarros, agua, cocina y colador de tela, dejan listo el oloroso compuesto de la forma más natural, sin mezclas, sin agresivos ahorros.

En el poblado Vega del Jobo, en plena Sierra del Purial, en el municipio Imías, así, al aire libre y para compartir en familia, lo hacen sus pobladores cuando cualquier actividad recreativa se viste de justificación para la fiesta.

Escrito por Adriel Bosch Cascaret. Fotos: Lorenzo Crespo Silveira. Tomado de AQUÍ

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