El Centro de interpretación y divulgación del patrimonio cafetalero, Casa Dranguet, de la ciudad de Santiago de Cuba, mantiene una intensa animación que conjuga el saber del cultivo, manifestaciones culturales y degustación de la bebida.

En la esquina de las calles Heredia y Corona, se puede conocer desde la llegada del cultivo a Cuba en 1748, por La Habana, hasta su fomento en el Oriente del país por colonos franceses, quienes trajeron la correcta metodología.

En el recorrido por sus dos niveles, en especial en la exposición permanente, se aprecian objetos relacionados con la cultura del consumo y producción en los siglos XIX y XX, como cafeteras de porcelana de Estados Unidos, Japón, Francia, China e Inglaterra, y tostadoras, molinillos, coladores, pilón, entre otros útiles.

Un ambiente doméstico del siglo XIX, con mobiliario, fotos familiares y elementos decorativos recrea la casona donde vivió Carlos Dranguet, hijo de descendientes de franceses e importante hacendado cafetalero, comerciante y político.

Para saborear variedades de la bebida brinda servicios una cafetería, donde la sugerencia es el Café Dranguet, además de ofertar infusiones y chocolate caliente y frío, en tanto un acogedor patio es el escenario de las actividades culturales.

Esta institución forma parte del Proyecto Los caminos del café, financiado por la Oficina del Conservador de Santiago de Cuba, la Unión Europea y la Fundación Malongo, de Francia.

Entre sus objetivos figura la rehabilitación de la antigua hacienda cafetalera Fraternidad, en Ramón de las Yaguas, en el municipio cabecera, que se convertirá en un museo interactivo sobre la historia de ese cultivo.

Como consecuencia de la Revolución de Haití (1792-1803), llegaron a Santiago de Cuba miles de emigrantes franceses, quienes se asentaron en la ciudad en barrios como El Tivolí y La Marina, y en zonas rurales y montañosas de la periferia, como la Gran Piedra.

Escrito por Marlene Montoya (Agencia Cubana de Noticias)

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