El atractivo de la mayor de Las Antillas para el turismo, reflejado en los miles de personas que acuden cada año a los diversos destinos de la isla, se complementa con la riqueza natural, cultura, historia y tradiciones.

Centenares de kilómetros de excelentes playas, recuerdos de más de cinco siglos y el afable carácter de los cubanos constituyen un factor de peso para el desarrollo de la industria del ocio, a lo cual se añaden las costumbres de antaño.

Entre esos detalles que caracterizan a los cubanos está el disfrute de una taza de café, bebida que representa para los habitantes del país caribeño un elemento similar al té entre los ingleses.

La única diferencia está en el momento, pues si bien los británicos observan con disciplina la hora para degustar la infusión, en Cuba cualquier momento y pretexto es bueno si se trata de una dosis del aromático grano.

El cubano cuenta con el café a la hora del desayuno, ya sea solo o con leche, al final del almuerzo y la comida, además de constituir el acompañante indispensable en visitas, reuniones de negocios e incluso romances.

Exclusivo de Etiopía y conocido inicialmente como Kahwe o Kahwa, es considerado como una bebida ritual en las religiones afrocubanas y oferta tradicional a los difuntos en las ceremonias.

Sin embargo, los inicios en la isla estuvieron dominados por la costumbre española del chocolate hasta que el grano comenzó a desplazar ese hábito para sentar las bases de la nacionalidad cubana.

Hacia 1748 está fijada la fecha de entrada del café a la mayor de Las Antillas, de la mano de comerciantes procedentes de Santo Domingo, aunque solo 50 años después comenzó a explotarse a escala comercial cuando arribaron al país los colonos franceses que huían de la revolución en Haití.

Menos de 100 años después, en 1827, el país ya disponía de más de dos mil cafetales (plantaciones dedicadas al cultivo y procesamiento del grano), de los cuales llegaron hasta nuestros días numerosas ruinas -como la del famoso Angerona-, muchas de ellas declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

La tradición se mantiene en la actualidad, con plantaciones localizadas casi siempre en zonas montañosas, donde las particularidades del clima permiten la obtención de un producto de calidad única.

En la isla la especie más cultivada es la Arábiga, con cerca de 12 variedades, las cuales se comercializan en el mercado interno y el exterior bajo las marcas Turquino, Cristal Mountain, Serrano, Cubita y Caracolillo, entre otras, caracterizadas por un aroma y sabor imposible de repetir.

Con ese entorno, el café conforma junto al ron cubano y el inigualable habano una trilogía a la cual es difícil resistirse, en especial cuando se trata de vacacionistas que acuden a la isla en busca de descanso.

Por eso, el ofrecimiento de una humeante taza de aromático café acompaña prácticamente todas las actividades en el país, ya sea el caso de los propios nacionales o de turistas que apuestan por los atractivos de la nación caribeña.

Tomado de Aquí

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